Nina Kulagina nació en 1926 en San Petersburgo, Rusia, y a la corta edad de 14 años se enlistó en un regimiento de tanques para hacer frente a los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Fue una etapa sombría de su vida en la que tuvo que soportar las calamidades de la guerra hasta que una lesión truncó su carrera militar.
Tras el conflicto, Kulagina se estableció como cualquier otra mujer casándose y teniendo hijos. Sin embargo, mientras se esmeraba por sacar adelante a su familia las cosas empezaron a ponerse muy extrañas. Jamás imaginó que su nombre pasaría a la historia como un caso legendario de poderes psíquicos.
Cierto día, Kulagina notó que algunos objetos en su casa se movían espontáneamente (a veces de forma dramática), y tal cosa coincidía con las ocasiones en que estaba muy enojada. La situación no aterró a la mujer, y al principio creyó que su residencia estaba embrujada. Aunque era innegable que existía una relación entre estos fenómenos y su ira. De hecho, la mujer conservaba algunos recuerdos de que su madre tenía la capacidad de mover cosas con la mente.
Esta curiosidad la llevó a concentrarse para intentar controlar su psicoquinesis. Con disciplina y práctica, lentamente adquirió la capacidad de mover objetos a voluntad sin tocarlos. Empezó por objetos pequeños y ligeros como tiras de papel, cerillos y cigarrillos. Gradualmente pudo desplazar objetos más grandes y pesados. Kulagina estaba asombrada.
A medida que desarrollaba sus poderes fueron apareciendo otras habilidades. Encontró que podía ver lo que las personas llevaban en los bolsillos, y también descifraba colores con los ojos cerrados tocando cualquier objeto. Por si fuera poco, aseguraba haber sanado a varias personas con energía electromagnética generada por su cuerpo.
Experimentos con Nina
La mujer procuró mantener en secreto sus extraordinarios poderes, pero manifestó problemas mentales y fue recluida en un hospital para su observación. En este lugar, los médicos atestiguaron sus habilidades y corrieron la voz, lo que terminó atrayendo a multitud de parapsicólogos rusos.
Edward Naumov fue uno de los primeros en evaluar las potentes habilidades psicoquinéticas de Nina Kulagina. En un experimento improvisado, el parapsicólogo dispuso unas cerillas sobre una mesa y la mujer las movió con la mente hasta el borde del mueble e incluso en el piso.
Se dice que Nina participó en numerosos experimentos bajo condiciones controladas encomendados por científicos soviéticos. La psicoquinesis fue uno de los poderes que se probó más ampliamente en Nina, y aun así logró asombrar a todos los presentes.
En una prueba logró que una pelota de ping pong levitara varios segundos.
En una de las pruebas más espectaculares, Kulagina se sentó frente a una tina llena con solución salina en la que flotaba un huevo. Se aseguraron de que la mujer no tuviera forma de alcanzar físicamente el huevo o afectarlo con algún tipo de truco. Sin embargo, tras un período de intensa concentración logró partir el huevo y separar la yema de la clara ante la mirada atónita de los científicos. De hecho, volvió a unir las dos mitades. Al igual que muchos otros, este experimento fue filmado.
Al analizar el cuerpo de Kulagina, encontraron que estas manifestaciones de psicoquinesis le producían efectos medibles en el ritmo cardíaco, las ondas cerebrales y el campo magnético de su cuerpo. También le causaban dolor y agotamiento físico y mental, al punto de perder mucho peso en cortos periodos de tiempo. Pese a esto, la mujer siempre se mostró dispuesta a colaborar.
Deteniendo un corazón con la mente
Se dice que los científicos también experimentaron con otros poderes, como su capacidad para revelar colores ocultos, magnetizar o desmagnetizar objetos y la habilidad para aparecer imágenes sobre un papel. Sin embargo, una de las habilidades más impresionantes y temibles de Nina Kulagina era la capacidad para afectar tejido orgánico y células vivas. Uno de los experimentos más famosos y extraños de toda su carrera se valió precisamente de este poder.
El científico soviético Genady Sergeyev, quien pasaría años estudiando a la misteriosa mujer, fue la mente maestra tras dicho experimento. Tras retirar el corazón a una rana y mientras aún latía, lo colocaron en solución salina y le pidieron a Kulagina que intentara influir de alguna forma en el órgano con su mente. El resultado fue algo que nadie imaginaba. Se dice que la psíquica logró acelerar el corazón, ralentizarlo y, con un increíble grado de concentración, hacer que se detuviera completamente.
Los rumores decían que Nina era capaz incluso de detener corazones humanos, pero esto nunca se confirmó.
¿Verdad o mentira?
Por supuesto, estas hazañas lograron atraer la atención internacional y al poco tiempo los científicos extranjeros mostraron interés por las demostraciones. Ante el enorme escrutinio público, Nina decidió cambiar su nombre por Nelya Mikhailova, y durante todo el tiempo en que fue estudiada se le consideró auténtica.
Evidentemente que algunos escépticos rechazaban estas habilidades tachándolas de ilusiones y trucos, aunque los experimentos se hacían en ambientes estrictamente controlados. Y a pesar de las acusaciones de fraude, nunca se demostró de forma concluyente que la mujer estuviera engañando a las personas. Un periódico soviético llegó a acusarla de charlatanería, pero Kulagina ganó en los tribunales y esto hizo crecer todavía más su leyenda.
Guerra Fría
Uno de los mayores inconvenientes en la historia de Nina Kulagina es que todos los experimentos e informes se realizaron en la Unión Soviética. Y durante la Guerra Fría se produjo una competencia contra los Estados Unidos en diversos campos. En esa época, ambos gobiernos parecían comprometidos con el estudio de los fenómenos psíquicos, por lo que cabe la posibilidad de que los experimentos de Kulagina fueran exagerados o, en el peor de los casos, completamente fabricados.
Después de todo, es imposible contrastar la veracidad de la historia pues todos los informes conducen a la Unión Soviética. De hecho, en los documentos se encuentran algunos detalles confusos sobre la forma en que se llevaron a cabo estos supuestos «experimentos». Además, a pesar de que los soviéticos aseguraron que docenas de científicos examinaron a esta mujer, incluidos dos premios Nobel, jamás se publicó un artículo científico oficial sobre el tema, situación muy extraña para un tema tan innovador.
La historia no pasó de una simple estafa
Kulagina defendió su autenticidad hasta el final de sus días, y algunos creen que estas habilidades sobrenaturales condujeron a su muerte. Supuestamente estaba bien documentado que las habilidades psíquicas afectaban seriamente su salud, al punto de llegar a causarle un ataque cardíaco en la década de 1970 que casi la mata. Pero, la mujer siguió con las demostraciones y experimentos. Terminó muriendo en 1990, a los 64 años de edad, llevándose a la tumba los secretos de su historia.
