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EL LECTOR FURTIVO| El arte de la ficción

Foto(s): Cortesía
Redacción

Hacia finales de la Era Victoriana, Walter Besant (1836-1901), era un hombre de letras, inglés, bastante popular y reconocido; tanto, que sus novelas Dorothy Foster, Armorel of Lyonesse y All in a Garden Fair, se vendían por cientos de miles de copias. En el mundo de habla no inglesa, poco ha llegado de la enorme fama de este autor, pero en aquel momento, como la gran autoridad que era, dictó en el Royal Institution una conferencia que ha pasado a la posteridad por ser el punto de partida para un debate crucial en el mundo de las letras y que Besant tituló “El Arte de la Ficción”.


¿Quién mejor capacitado para hablar sobre tan apasionado tema que Besant, que no era sólo reconocido por su trabajo como novelista, sino también por llevar a cuestas una sólida reputación como académico formado en Cambridge y con una larga carrera como docente de Matemáticas en instituciones como el Leamington y el Royal College? Además de matemático, nuestro reseñado era también historiador y arqueólogo de oficina para el Fondo de Exploración de Palestina.


La célebre conferencia de Besant sobre El Arte de la Ficción abrió un debate al que después se sumarían autores de la talla de Hutton, Henry James, Robert Louis Stevenson, Gosse y muchos otros, porque puso sobre la mesa varias consideraciones propias de quienes han hecho de la escritura de ficción su arte y su oficio.


En esta conferencia, Besant revela su fe por la organización institucional. El primer planteamiento es básico: exige el reconocimiento de la ficción como un arte complejo, capaz de tocar a la humanidad como las otras artes a las que llaman “sus hermanas” y  que son: la música, la pintura, la danza y el teatro. Hoy apenas cuestionamos esta idea, pero en el momento en que la conferencia fue dictada, los novelistas solían recibir el menosprecio de ciertos círculos que calificaban su quehacer como banal o evasivo, desestimando los talentos necesarios para narrar una historia. 


En el segundo planteamiento exige reconocer que la ficción precisa de conocimiento especializado que puede ser aprendido y enseñado entre seres humanos (con talento), de la misma forma como se enseña teoría musical en los conservatorios y reglas de composición en las escuelas de pintura. De acuerdo con esta idea, el autor inglés lamenta que no existan los suficientes centros de formación para novelistas.


Quizá el punto más polémico de su conferencia es aquel en el que pondera la vocación moralista de la novela, y que exalta como una virtud, puesto que identificaba en ella “… un propósito moral tan marcado que se ha convertido prácticamente en una ley de la ficción inglesa”. Ni qué decir que la literatura moderna ha echado por tierra toda consideración al respecto.


Besant fue además, socio y fundador de prestigiosos clubes literarios y académicos (incluyendo un par de logias masónicas) y cuenta con un papel relevante como pionero en la legislación y promoción de los Derechos de Autor. La cereza en el pastel es su nombramiento como Caballero en 1895, por sus “logros literarios y humanitarios”.


 

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