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Mañanitas para la Virgen de Juquila

Foto(s): Cortesía
Redacción

Juquila está de fiesta para adorar a su Virgen. Miles de peregrinos de diferentes partes del país le cantan Las Mañanitas a la Virgen de Juquila. Con guitarras, violines, y música de banda, adoran a su protectora. 


La fe se desborda en un llanto de felicidad, por vivir ese momento único. 


De rodillas, cargando a sus hijos, empujando sillas de ruedas o con bastón, todos se hincan al pie de la Virgen, donde rezan, imploran y agradecen. Solamente se escucha el murmullo.


Con el toque de las campanas y Las Mañanitas desde la madrugada, los fieles piden, agradecen y celebran a la Virgen por los favores recibidos.


Juan viajó más de de seis días a pie con su familia en una peregrinación a pie. Es originario de Oaxaca, pero radicado en Nezahualcóyotl, Estado de México, donde montó un taller mecánico.


“Vengo a dar las gracias a la Virgen porque nos ayudó a cumplir nuestro deseo de poner un negocio. La virgencita es milagrosa, buena y siempre nos cuida”, dice mientras entra de rodillas al templo, donde decenas de personas veneran a la imagen.


ORACIÓN A LA VIRGEN PARA CASOS DIFÍCILES

Madre amada, bajo la advocación de Juquila,

tú que eres quien nos da esperanza,

mi vida te pertenece,

cuídanos de todo mal.

En este mundo lleno de injusticias y pecado,

si ves que nuestra vida se está desviando

guía nuestro camino y no nos abandones.

Oh, virgencita de Juquila, protege a tus devotos

peregrinos, acompáñanos por cada uno de los caminos

por los que transitemos, intercede por los pobres que no tienen

que comer, que los alimentos les sean retribuidos.

¡Virgencita, no nos abandones!

Acompáñanos en toda nuestra vida

y libéranos de todo mal y pecado.

Amén.


 


Más de 80 mil feligreses abarrotaron Santa Catarina Juquila para participar en los festejos.


Es difícil caminar por las calles de esta comunidad, ubicada en la región de la Sierra Sur, debido al número de personas que llegaron para rendir culto.


Comerciantes y hoteleros reportan lleno total, a pesar del conflicto entre habitantes de Juquila y Santiago Yaitepec por la posesión de El Pedimento.


Los festejos comenzaron el seis de diciembre pasado con una calenda de flores multicolores por calles de la comunidad, al día siguiente se realizó la tradicional quema del castillo de pirotecnia y ahora Las Mañanitas, la misa de Acción de Gracias y la fiesta grande.


PIDEN LA BENDICIÓN


Después de la primera homilía, los peregrinos hacen largas filas para colocar sus veladoras, recibir la bendición y pasar por debajo del manto de la Virgen de Juquila.


El párroco es el más ocupado, pues muchas personas quieren recibir la bendición y la confesión, y no hay mejor momento para iniciar promesas hechas a la Virgen de Juquila.



Los peregrinos llegan al templo de rodillas justo antes de acceder, para cumplir con su manda.

La familia Martínez Aquino, originarios de Zimatlán de Álvarez, tienen una petición especial.


“Un familiar está enfermo y no pudo venir, pero aquí estamos para rogarle a nuestra virgencita que nos haga el milagro de salvarlo”, platican.


En una de las imágenes donde se colocan las velas le colocaron un milagrito (parte del cuerpo en latón que prenden del vestido de la Virgen).


En las calles, para llegar a la explanada del templo, se ubican los puestos que expenden comida, imágenes, relicarios y todo lo relacionado con la imagen.


La misión está cumplida, los peregrinos cumplieron con la Virgen, pero los festejos continúan.


 


VIRGEN DE JUQUILA

La inmaculada es una imagen de poco más de 30 centímetros.

Porta una  corona y aureola.

Tiene base de madera y manto de tela, además, tiene el mundo y la serpiente.

Viste una túnica sobre la que cae el manto que se desprende de los hombros y se tercia airosamente bajo el brazo izquierdo. 

El cabello se extiende sobre el ropaje; las manos están unidas ante el pecho y los ojos modestamente inclinados.

LA HISTORIA

En 1526 llegó al pueblo de Amialtepec el fraile Jordán de Santa Catarina, quien ocupó los servicios de un campesino.

En agradecimiento por el trabajo, el religioso le obsequió una imagen de la Purísima Concepción que había sido tallada en España.

El campesino la colocó en su jacal, que tiempo después sufrió un incendio que redujo a cenizas todo lo que poseía, con excepción de la imagen que solamente tuvo ligeras quemaduras. 

Al enterarse del milagro, los habitantes de Amialtepec y los pueblos circunvecinos comenzaron a venerarla.


 

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