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Recibe Tlacolula a vivos y muertos

Foto(s): Cortesía
Redacción

El olor a flor de muerto, copal y pan de yema inunda los pasillos del mercado de Tlacolula de Matamoros y sus calles aledañas. A partir de este 31 de octubre, los habitantes inician la compra de los ingredientes para las ofrendas que pondrán a los seres queridos que se adelantaron en el camino, pero que regresan de visita este 1 y 2 de noviembre.


Por la noche de este 31 de octubre, las familias de Tlacolula acostumbran a preparar el altar de muertos con dos niveles: el piso, que representa el inframundo; la mesa que es la tierra y el arco elaborado de cañas, que representa el paraíso. 


De acuerdo con Gerardo García Aguilar, cronista de ese municipio, la creencia de los pobladores es que, en punto de las 12 del día los difuntos llegan a sus casas, guiados por un camino de pétalos de flor de cempasúchil, mismo que colocan en la esquina cercana a sus domicilios, además de dejar las puertas abiertas.


La convivencia


Por años, la costumbre de los oriundos de este municipio ha sido que el día 1 de noviembre los ahijados y amigos visiten a sus padrinos y amistades, a quienes deben llevarles una ofrenda, principalmente fruta y una vela, la cual prenden al llegar al altar.


“Las personas se dirigen al altar, se hincan y dejan la ofrenda; después el anfitrión le ofrecerá café, chocolate y claro, su mezcal. Así convivimos los vivos y los muertos. Si alguien no quiere comer porque está lleno, debe llevárselo porque aquí ‘el que no come, carga’”, relata el cronista.


Durante todo el primero de noviembre, los difuntos mayores de edad conviven con sus familiares vivos, pero parten de regreso el 2, al mediodía, para que puedan repartir las ofrendas entre los niños del hogar, o a quienes acuden a pedir su "calaverita".


La creencia de los habitantes es que los fieles difuntos se llevan el aroma de todos los platillos, frutas y flores que les dejaron en el altar, por lo que después al comerlas, ya no tienen sabor.


Cambios por inseguridad


Debido al aumento de la delincuencia, algunas costumbres de Tlacolula han cambiado, por ejemplo: las comparsas. El cronista recuerda que hasta principios de los años 90, esta representación teatral entraba a las casas durante los días de fiesta de muertos, pero ahora ya no.


La comparsa iniciaba con un joven disfrazado de La Muerte, quien entraba a una casa a acostarse, simulando ser un cadáver. Después llegaba El Cura, acompañado de El Acólito, La Viuda, El Doctor, La Enfermera, entre otros personajes quienes le lloraban.


Al llegar El Diablo, le preguntaba al dueño de la casa si quería que todos los personajes bailaran; si aceptaba gustoso, entonces decían: "¡Bailen dos canciones y un jarabe!, y pasábamos todo el día de casa en casa bailando, hasta la medianoche”.


Ahora, las comparsas sólo recorren las principales calles de la cabecera y ya no las dejan entrar a las casas por seguridad; además, los personajes que formaron parte de la antigua tradición, fueron sustituidos por otros.


Los responsos


En Tlacolula no se visita el panteón los primeros días de noviembre, sino 15 días después, pues “ya nos visitaron ellos, ahora nosotros debemos visitarlos”.


Los próximos 11, 12 y 13 de noviembre, los habitantes visitarán el panteón para comer y pasar un rato conviviendo con su familiares que están enterrados. Algunos llevan comida y otros compran en los puestos que se instalan afuera de este lugar.


Los locales recuerdan que hasta hace unos años, el sacerdote iba al panteón y rezaba los responsos (última oración de la liturgia de difuntos que se reza por la persona que ha muerto) en cada una de las tumbas, pero ante el aumento de sepulturas, ahora sólo se hace una misa al interior del camposanto.


Antes, también los actores de la comparsa asistían a los responsos y hacían su representación en cada tumba, “nos pagaban 10 pesos y con eso nosotros le pagábamos a la banda”, recuerda un participante.


Celebración y conflicto


El cronista subraya que "llueve, truene o relampaguee", los habitantes no suspenderán sus tradiciones, refiriéndose al tema de la reubicación de la escuela primaria "Adolfo López Mateos".


Incluso, afirma que este conflicto es “buen material” para quienes hacen calaveritas y las venden en las calles.


“No se sabe quién las escribe; de repente ya está algún niño vendiéndolas. En ellas se mencionan a personajes locales y critican sus actos; algunas personas hasta se enojan si no las mencionan”, comenta don Gerardo.


Los habitantes invitan a que vivan y conozcan esta tradición única de Tlacolula y aseguran que serán recibidos con las puertas abiertas, un chocolate con pan y un mezcal.

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