Ciénega de Zimatlán, Oaxaca.- Aún con la escasez de lluvias, que hicieron que por mes y medio a la tierra le faltara humedad, cultivar cinco hectáreas de jícama salva a Omar León Ramírez de cosechar sólo pérdidas.
Él -quien renta la tierra de hombres o mujeres que por su edad y ausencia de hijos ya no pueden cultivar- siembra cinco hectáreas de jícama al año, lo que lo convierte en uno de los productores más fuertes de este túberculo.
Las semillas que sembró entre junio y julio se hubieran desarrollado mejor, pero "la sequía nos pegó fuerte". Las lluvias tardías ayudaron a que a la jícama no le faltara tanta agua, pero no creció como esperaba.
Agua en abundancia
Es poco más de un cuarto de hectárea, en las entrañas de un municipio con tierra próspera. La repercusión por la falta de agua es más notoria en la milpa o las plantas de maíz que carecen de sistema de riego.
De casi toda la tierra brota un cultivo, incluida la alfalfa. Por tramos pequeños, las flores rojas, amarillas y naranjas colorean el ambiente y recuerdan que el calendario está por llegar al final de octubre y dar paso a las festividades de muertos.
De ese cuarto de hectárea Omar extraerá “merga”, la unidad de medida que equivale a entregar toda la producción a un mayorista.
Con la punta de una barreta Omar desentierra una jícama, pero no tiene la redondez desigual de ese nabo que se consume como fruta y decora los altares de muerto con todo y sus hojas verdes.
De 10 jícamas, calcula que tres se abren en el momento del crecimiento y ya no se pueden comercializar. Con ayuda de investigadores ha intentado encontrar cuál es la razón, pero sólo le dicen que “le echemos foliares y otras cosas”; nada ha servido para reducir las pérdidas.
Aún así, no discute lo redituable que es este cultivo, al que se dedican entre cuatro y cinco productores de este municipio, en un valle que lidera en la producción de jícama.
Saber cultivar
Desde hace ocho años, Oliverio Ojeda Hipólito siembra otras cinco hectáreas con jícama que le dan de ocho a 10 toneladas cada una, “depende mucho de cómo esté cultivada”.
Por hectárea le invierte de 25 mil a 30 mil y tras su venta, hasta el 50 por ciento pueden ser de ganancia.
“La vendo a un mayorista que por cada jícama grande (de entre un kilo a kilo y medio), puede pedir de 10 a 15 y por una mediana de entre 5 a 10 pesos”, calcula.
Si productores como él u Omar sólo dependieran de la siembra del maíz, sería difícil subsistir. Aún con la falta de agua de lluvia, la jícama es un producto rentable, pero pocos se arriesgan a salir de la rutina de sembrar maíz o alfalfa.
Arriesgarse con otros cultivos
“El maíz no sube, siempre está al mismo precio”, analiza Omar, quien hace 17 años se arriesgó a sembrar caña. Comenzó con media hectárea y ahora suma 10, la mayoría tierra rentada.
De esas 10 hectáreas ya cosechó cuatro. Faltan otras tres que están listas para esta temporada; el trabajo de corte y carga para llevarla a la Central de Abasto de la ciudad de Oaxaca empieza desde la madrugada.
Por día corta entre 30 y 100 rollos con 25 cañas cada uno. El costo es de 130 pesos entregado a manos de un mayorista que le puede ganar el triple en la venta a menudeo.
Hacer esa venta al comprador final no le daría tiempo a Omar para acabar con toda la producción que por hectárea requiere una inversión de 25 mil a 30 mil pesos, depende qué tanto de riego necesite.
Producción incipiente
A diferencia de la producción de jícama que genera Oaxaca, el volumen de caña alcanza los 3.7 millones de toneladas, lo que ubica a la entidad en el cuarto lugar a nivel nacional.
Sin embargo, ningún municipio del Valle de Zimatlán logra insertarse entre los 10 principales productores de caña de azúcar.
Para complementar los productos de esta temporada de Todos Santos, Omar también siembra flor de muerto, tanto borla como cempasúchil, pero en menor cantidad, si acaso hectárea y media.
El riesgo es que, de no calcular la cantidad exacta que venderá, la pérdida es mayor. “Sólo se tienen unos días para sacar la producción, en cambio la caña y la jícama se comen mientras sea temporada”, dice orgulloso, porque lo que él sembró adornará estos días los altares con los que las familias reciben a sus fieles difuntos.
