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EL LECTOR FURTIVO| Las “hijas del diablo”

Foto(s): Cortesía
Redacción

En esta ocasión comentaré uno de mis libros de cabecera; se trata de El dios de los brujos (FCE, 1986) y la autora es la antropóloga Margaret A. Murray, nacida en Calcuta en 1863 y que murió apenas rebasando el siglo de vida. Este impactante ensayo antropológico narra el proceso de cristianización de la Europa medieval y la resistencia que encontró en una población cuya religiosidad tenía como eje rector a los antiguos dioses de la naturaleza.


En aquel momento, la lucha denodada por la hegemonía espiritual y burocrática cristiana se enfrentó a los pueblos silvestres de Europa, que ejercían un sistema de pensamiento diferente al de la ortodoxia católica. Murray, narra cómo en un principio la fe cristiana convivió pacíficamente con la de los antiguos habitantes, para después avasallar a los nuevos conversos; primero, en un proceso de sincretismo religioso que reemplazaba de modo sistemático los cultos originarios por festividades cristianas y después, a través de la persecución. Ese es el tema del libro.


La que fuera también la primera egiptóloga del mundo, nos describe este proceso de “satanización” de la divergencia cultural y religiosa, donde el antiguo dios (representado como carnero, macho cabrío o como algún otro animal astado) fue identificado por la iglesia como el mismísimo diablo o Satanás. Lo anterior dio pie a una literal cacería de brujas, donde miles de personas, mujeres en su gran mayoría, fueron sometidas a torturas, vejaciones y despojo, con el fin de que abjuraran de su fe no cristiana y abrazaran en exclusiva a su nuevo dios. Fue tal la violencia y meticulosidad con la que se llevó a cabo este proceso, que en cosa de unos cuantos siglos Europa entera sería toda cristiana. África, el Nuevo Mundo, Australia y Asia, posteriormente colonizadas por los cristianos, sufrieron un proceso similar.


Para Margaret A. Murray, feminista de la primera ola, la figura de la mujer como protectora del conocimiento ancestral, es de sumo interés. Bajo este nuevo orden, según las teorías de Murray, las mujeres del mundo pagano serían conminadas a abandonar sus viejas prácticas espirituales y médicas en favor de la fe cristiana. Dichas prácticas, por otro lado, serían tachadas como “viles supercherías” o como “brujería satánica” cuando mostraban una efectividad mayor a la de los procedimientos “cristianos” para curar y sacar adelante las vicisitudes de la vida rural.


Según la antropóloga británica, muchas expresiones culturales vigentes en occidente como las fiestas de santos asociados con el campo, el Halloween, las hermandades herméticas y ni qué decir del satanismo, hunden sus raíces en una antigua religión pagana, donde el culto tomaba forma de aquelarre, cuyo propósito era invocar a la fertilidad y que comúnmente era presidido por un dios astado.


A la luz de la antropología moderna, Murray no es ya un referente, puesto que importantes investigadores han señalado las inconsistencias de sus teorías, aunque en líneas generales, en estos momentos en que toda divergencia de pensamiento puede ser satanizada, las encontramos fascinantes.


 

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