SAN JERÓNIMO TLACOCHAHUAYA, Oaxaca.- Como parte de una broma, en 2013, Antonio Guzmán recibió dos alacranes vivos que lo hicieron gritar, brincar y llorar de miedo, ya que les tenía pavor. Cuatro años después, estos insectos se convirtieron en parte de su dieta; incluso, en el sustento de la familia.
Don Antonio recuerda que su amigo Juan Olvera, quien vive en una localidad de la región de la Mixteca, le hizo este regalo para quitarle el pavor por estos insectos; sin embargo, comenzaron a reproducirse y en pocos meses ya tenía guardados, en una pecera en su casa, 200 de estos animales.
Relata que el pavor se convirtió en miedo y preocupación de ver tantos, así que le advirtió a su amigo que iría a tirarlos a algún lugar, pero este le mencionó otra alternativa: comérselos.
“Agarró uno con cuidado, le torció el aguijón, las tenazas y se lo comió vivo. ¡Yo no podía creerlo! Le dije: ‘¿cómo es posible que comas eso? ¡Estás loco!’ Pero me contestó que si tanto miedo me daba comerlos crudos, podía asarlos, freírlos o añadirles algún condimento”, expone don Antonio.
Agrega que su amigo le confesó que cuando era niño, su familia no tenía dinero para comprar comida, así que su papá cazaba ratas de bosque o cualquier animal que se encontrara y lo llevaba a su casa. Un día, el padre de don Juan, llegó con los alacranes, los comieron crudos y les gustó el sabor.
Manjar exótico y venenoso
Después de haber visto a don Juan comer un alacrán crudo, don Antonio, junto con su esposa, Mónica Blas, investigaron si los alacranes que ellos tenían eran comestibles, ya que en otras ocasiones les comentaron que en China es muy común la ingesta de este manjar exótico.
Encontraron que era una especie de alacrán llamada Centruroides Suffusus, la cual ocupa el segundo lugar de peligrosa en el país; no obstante, también leyeron que era comestible al igual que el Centruroides Limpidus, el cual es tercer lugar de la misma lista.
Del morbo, a la venta de alacranes
La familia Guzmán Blas se ha dedicado a la actividad cultural y gastronómica desde hace más de 20 años. Ante la baja venta de sus productos durante una feria de gastronomía, don Antonio decidió experimentar con un alacrán crudo y exponerlo en un palo de brocheta; a los 5 minutos, una persona se le acercó preguntándole sobre el peculiar alimento que ofrecía.
“El señor me preguntó si era venenoso, el precio, que con qué lo servía y así llegaron más personas y yo sólo llevaba un alacrán; tuve que ir por más a la casa”, recuerda sonriente don Antonio.
En esa ocasión, el comerciante improvisó un platillo que ahora es el que más venta le deja: una brocheta de alacrán; integrada por fruta, queso ahumado y un caballito de mezcal. Fue ahí cuando decidió aprender los procesos de cocción, pues este producto ya no solo sería consumido por él, sino lo ofrecería a más personas y en varios lugares.
Asimismo, comenta que aprendió el proceso del manejo responsable del insecto, porque a pesar de que él los alimenta y los cría, el instinto de los animales es que si se sienten agredidos, reaccionarán de la misma manera.
Un amplio menú de insectos
Don Antonio afirma que México es un país entomofágico (que come insectos), por lo que esta cultura debe darse a conocer. Asegura que los insectos son proteína de buena calidad, pues “una varita de chapulín, aporta al cuerpo lo mismo que 150 gramos de filete de res, pero sin dejar huella ecológica, sin colesterol y sin hormonas”.
Ahora, don Antonio está produciendo cucarachas de Madagascar, escolopendra (un ciempiés venenoso, pero también comestible) y arañas tejedoras; sin embargo, deben esperar hasta cuatro años para que estos insectos tengan un buen tamaño para ser cocinados.
Enfatiza que no es médico, pero se ha dedicado a investigar para aprovechar todos los recursos que da el campo mexicano, que en este caso son los insectos, que en su mayoría son plagas que perjudican los cultivos.
“Hay personas que me dicen que es cruel que comamos los insectos, pero les platico que son una plaga que están afectando los campos y así los convenzo de comerlos, para ayudar al crecimiento de los cultivos”, subraya.
