Consideradas tradiciones ancestrales, parte de las costumbres que se sostienen en las comunidades indígenas de Oaxaca, como “raptos de mujeres” para el matrimonio o pruebas de virginidad, constituyen violencia simbólica porque normalizan la desvalorización, cosificación y sometimiento de las mujeres, señaló la doctora en antropología social, Charlynee Curiel.
“Este tipo de expresiones se ubican en lo que Pierre Bourdieu llamó la violencia simbólica, en efecto, es una violencia que no usa la fuerza, golpes, encierro, para la dominación, pero sí normaliza un discurso en donde las mujeres son vistas como cosas que se pueden tomar, intercambiar, abandonar o regresar en el momento que sea”, explicó.
El concepto de violencia simbólica acuñado por el sociólogo francés, Pierre Bourdieu en la década de los 70, establece que este tipo de violencia se ejerce a través de la imposición por parte de los sujetos dominantes a los sujetos dominados de una visión del mundo, de los roles sociales, de las categorías cognitivas y de las estructuras mentales. Ésta se constituye en una violencia invisible, ejercida con el consenso y el desconocimiento de quien la padece.
Charlynee Curiel, quien tiene doctorado en el Rural Development Sociology Group de la Universidad de Wageningen, Holanda, indicó que las tradiciones antes mencionadas, generadas en un contexto y estructura patriarcal, benefician a los varones, quienes apelan a la tradición porque sostiene privilegios para ellos.
Si se realiza una revisión a las costumbres de los pueblos de Oaxaca, no hay rastro de alguna expresión dancística o tradicional en donde al hombre se le pida la prueba de virginidad, tampoco se le roba o rapta para el matrimonio.
La también investigadora del Instituto de Investigaciones Sociológicas de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (IIS-UABJO), indicó que quienes defienden este tipo de prácticas lo hacen desde el discurso del esencialismo de los pueblos indígenas, es decir que es parte de su esencia. Sin embargo, apuntó, lo indígena es una construcción del estado-nación como categoría de identificación respecto de la población mestiza.
“Los pueblos indígenas son pueblos modernos, producto de la modernidad por su relación con la sociedad más amplia, bilingües en muchos casos, intervenidos por las instituciones del estado, entonces apelar que esas danzas son tradiciones ancestrales, en realidad no se sostiene. Muchas de éstas son bastantes modernas y el estado ha tenido mucho que ver en la rearticulación de estas expresiones que ahora son producto para el mercado turístico como lo es la Guelaguetza”, destacó.
Charlynee Curiel, quien se ha desempeñado como profesora invitada del programa de maestría en Antropología Social de CIESAS-Pacífico Sur señaló que es importante quitarse el lente esencialista pues sólo de esta manera se podrá analizar con ojos críticos y cuestionar estas expresiones que insisten en profundizar las desigualdades de las mujeres.
Así por ejemplo, en el cuadro dancístico “El rapto y la llevada del baúl” presentado en el primer Lunes del Cerro durante las fiestas de la Guelaguetza de julio, se muestra a las mujeres como mercancía y retradicionalizan los roles de género en donde a ellas se les permite tener sexo sólo de casadas y para la reproducción.
Lo anterior, dijo, constituye un discurso caduco que debe actualizarse, en primer lugar porque la legislación protege a las mujeres de este tipo de prácticas, y dos porque no se puede seguir sosteniendo el valor de las mujeres alrededor de un mito como la virginidad.
