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Darío, 50 años de vivir un día a la vez

Foto(s): Cortesía
Redacción

Sus 16 años en el alcoholismo fueron un calvario; como la de él, en muchas familias no tienen claro cómo enfrentar la adicción de uno de sus integrantes.


A punto de cumplir 80 años, sus pasos firmes, la serenidad en su rostro y la humildad caracterizan a Darío S. , quien el único sobreviviente de aquel primer grupo de personas que se atrevió a admitir su impotencia ante la bebida e inició el movimiento de Alcohólicos Anónimos en Oaxaca, hace 50 años.


Se rebela la bestia


Cualquier lucha es imposible de ganar mientras aquellas personas que se fugan en una adicción no la acepten. Darío era ingobernable, en más de una década su inconsciencia no le permitió aceptar su enfermedad, y la bestia que lleva dentro un adicto se rebeló sin clemencia cuando comenzó a perder el control.


Darío nació como dice “debajo del mostrador de una cantina” y el alcohol marcó su vida de forma triste desde que era muy niño; el alcoholismo, entre otras, fue la causa que le arrebató la vida a su padre, que casi aniquila al hermano de Darío y que tantas angustias causó a su madre.



Admitimos que éramos impotentes ante el alcohol, que nuestras vidas se habían vuelto ingobernables: 12 pasos A.A.

El Padrino


Aunque le “echa humildad”, es imposible no reconocerle como el padrino de padrinos. El medio siglo de militar en el movimiento lo hace merecedor del título, pero se reconoce falible y debe trabajar continuamente para vivir en sobriedad.


“Hoy comprendo que buscaba eludir la soledad y el dolor que provoca a través del alcohol, mi madre enviudó muy pronto y quedó atendiendo la cantina que tenía; hubo muchos golpes y a mí me costaba relacionarme con personas de mi edad, por esos mis inicios en el alcoholismo fueron a temprana edad - 13 años- y rodeado de gente mayor que yo”, comenta a NOTICIAS.


De la cárcel a hospitales


A oraciones, mandas y hasta limpias recurrió su madre, que lo sacó de los separos y lo asistió en el hospital, producto del daño que las bebidas embriagantes causaban a su vida.


Su voz aún se quiebra al recordarlo, las misma que se aclara al evocar cuando Mari H. una estadounidense que llegó a vacacionar en enero del 69, recurrió ante el médico Alfonso Toriz y Álvarez para que le ayudara con su angustia, pues ella acudía a las pláticas del movimiento A.A en Estados Unidos y buscaba afanosa cómo resolverlo durante su estancia en Oaxaca.


“Mari pasaba en Oaxaca las temporadas del crudo invierno que se sentía en su país y el doctor Toriz la envió a la Granja Cruz del Sur para que dialogara con los alcohólicos internados por sus familias; ahí, en compañía de la enfermera Josefina Martínez, que ya antes había buscado información para atender a ese tipo de pacientes, comenzaron lo que el 27 de enero de 1969 sería la primera plática formal de A.A”, recuerda Dario.



Cuando se logra controlar a la bestia que lleva dentro un adicto, la vida cambia radicalmente: Darío

Los delirios ajenos dominan a la bestia


Apenas unos meses antes había visto una publicación referente al alcoholismo en una revista nacional e incluso, dice, la recortó y guardó; el llamado estaba hecho pero fue hasta el 2 de mayo de ese mismo año, en que Darío iniciaría la brega que hasta hoy lo mantiene sobrio.


“Un día antes de la plática me encontré a un amigo de borrachera y lo invité a que fuéramos, lo hicimos y ¿qué crees?, saliendo de ahí que me voy a tomar, lo volví hacer un par de veces”, relata.


El susto


Agrega que un día antes de dejar definitivamente la botella llegó a la plática un ex compañero de trabajo, el cual no acostumbraba a beber en las cantidades que Darío lo hacía, el impacto que causaría el motivo por el que llegó esa persona al encuentro lo llevarían a olvidarse de ingerir una copa más.


“Mi compañero nunca seguía con nosotros las parrandas, cuando le pregunté por qué había llegado él me respondió que lo llevaron desde la Granja Cruz del Sur porque veía cosas y escuchaba voces, tenía delirios y eso me provocó un gran temor, saliendo de ahí me fui a tomar de nuevo, pero al día siguiente dejé de beber, y hasta hoy llevo 50 años sin hacerlo”, expresó.


Solo por hoy


Ni el resentimiento y ni dolor de ayer, ni el miedo y ni la ansiedad por el mañana deben regir la vida de alguien, ambos extremos conllevan a riesgos que pueden traducirse en adicciones, y ello lo tiene muy claro Dario, así como los cientos de militantes del Movimiento A.A en Oaxaca y el mundo entero.


“El despertar espiritual es para la mayoría lo más difícil, porque debemos reconocer quienes somos, cuáles son nuestros temores, lo que nos duele y eso no lo hace cualquiera; la mayoría vive pensando en lo que viene o en lo que pasó y están tan inmersos en ello que ni siquiera observan con detenimiento lo bueno que puede estar ocurriendo en este momento”, manifestó.


Darío vive un día a la vez, trabaja a cada momento para mantener el sano juicio, ese que le ha permitido durante 50 años ayudarse y ayudar a quienes lo necesitan, como lo hace la comunidad de A.A y confía en que el Poder Superior, le permita compartir su experiencia con las nuevas generaciones que hoy enfrentan el flagelo de las adicciones.


“El amor mal entendido, el resentimiento, la soledad, entre muchas otras cosas, provocan un daño terrible que nos lleva a fugarnos en el alcohol, las drogas y otras cosas, por eso es un proceso permanente que nos obliga a vivir solo por hoy y compartir con todo aquel que lo necesita”, puntualizó.

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