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Sismo tira su hogar; ellas lo levantan de adobe

Foto(s): Cortesía
Citlalli López Velázquez

La albañilería llego a sus vidas de manera inesperada, de la misma forma en la que el sismo de 2017 les arrebató tu casa en Ixtaltepec. A pesar del dolor de haberlo perdido todo en cuestión de segundos, no era momento de lamentarse sino de resolver el problema sus propias manos. Fue así que Francisca Cruz Valdivieso, de 60 años de edad, y sus hijas Cristina y Martha comenzaron a reconstruir su vivienda desde sus entrañas, desde la elaboración de sus propios adobes.


Bajo la asesoría de la arquitecta Saraí Chávez, a más de un año de iniciado el trabajo, la labor aún no concluye y la meta es ambiciosa, pues las tres se fijaron el objetivo de levantar cada una de las paredes con los bloques del amasijo de barro elaboradas por ellas mismas.


“El 7 de septiembre de 2017, nuestras casas se cayeron. Nosotras pensamos ¿de qué manera vamos a construir? Y lo que teníamos era la tierra y nuestras manos”, señala Francisca con esa voz a mable que la caracteriza.


Sin conocimientos previos sobre albañilería o elaboración de adobes, las tres mujeres se aventuraron en la reconstrucción. Primero fueron capacitadas con personas que hacían ladrillos, después llegaron voluntarios con apoyo técnico para la fabricación de adobes. Ahí aprendieron todos los procesos desde las pruebas de resistencia.


La jornada


Francisca explica que lo primero que hacen es medir la mezcla: diez carretillas de lodo, por una de arena. Se les coloca agua, se deja remojar un poco antes de pisar y luego a reposo toda la noche. “A las cinco de la mañana nos levantamos a hacer los adobes y terminamos a veces a las 9 o 10 de la mañana porque hay que ir a trabajar”.


El trabajo es duro, hay que acarrear y vaciar carretillas de tierra. Las pruebas de resistencia también requieren tiempo. En el camino a la reconstrucción, Francisca no se ha salvado de accidentes.


“Ha sido muy lento el avance porque a veces vemos que ya vamos avanzando y nos venimos para atrás otra vez. El trabajo es muy minucioso, desde la elaboración de los adobes, abrir la zanja para hacer el cimiento, ha que arreglarla, delinearla y todo eso se lleva tiempo. Ahora llevamos más de dos terceras partes”.


Para hacer realidad su proyecto había que partirse en tres momentos, por la mañana hacer un poco de adobe, después ir al trabajo, al regreso hacer algunas labores domésticas y después volver a la construcción. “Tenemos que ganar el pan de cada día. Terminamos super cansadas, pero nuestra satisfacción es grande. Se siente bien, bonito de que ya estamos haciendo la casa”.



El nuevo hogar va tomando forma

Media cuchara


A pesar de los conocimientos adquiridos y de la labor que realizan en la reconstrucción de su vivienda, secundaria a sus empleos y las labores en el hogar, no consideran que deban ser llamadas albañilas, ya que el denominativo, consideraron, implica un conocimiento mucho más amplio en el tema de la construcción.


“Al bañil no soy. El albañil es una persona que sabe de medidas y yo apenas lo estoy aprendiendo con la asesoría de nuestra arquitecta. Ella es la que nos dirige”.


En México, según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), Oaxaca es la novena entidad con mayor porcentaje de personas dedicadas a la albañilería. Del total nacional 3.1 por ciento está en Oaxaca.


Conforme a la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), en el año de 2013 la población ocupada como albañil en México, asciende a dos millones 419 mil personas; 99.6% de ellos son hombres y 0.4% son mujeres.

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