Y vino al mundo
En San Pablo Huitzo, Oaxaca, nació una niña quizá llorando y cantando, porque también el llanto se convierte en un canto de todo aquel naciente que sale a mirar el planeta, herencia inigualable que Dios sin testamento alguno nos heredó.
Sí, ella se llama como sus padres quisieron: Amellaly Ignacio Vásquez, quien se inicia en la vida del pintoresco pueblo ya antes citado; en el transcurso del tiempo, los estudios correspondientes a las primeras letras, los combina en el ir y devenir del tiempo, a través de las veredas que cruza para la escuela; ella va cantando y su canto se torna en un concierto con los pájaros en primavera.
Es entonces cuando los padres se dan cuenta de que la niña nació para cantar; en esa forma la inscriben en la Casa de la Cultura del pueblo, donde recibe sus primeras clases con el maestro Gilberto Ramírez, a quien sorprende con esa voz inesperada que va puliendo a través del tiempo.
La persistencia
Con el bel canto, a los 16 años concursa en los Juegos Culturales y Deportivos, organizados por el COBAO, obteniendo los primeros lugares en las distintas etapas a nivel zona regional, estatal y nacional; aquí dio muestras de tener los elementos necesarios de la voz encumbrada de una gran artista quien fuera invitada por el Quinteto de Cuerdas del Estado de Oaxaca, ofreciendo dos conciertos en el Teatro Juárez ”donde el público aplaudió a la soprano de pie, tal como ella se merece".
Y no solamente como solista, sino también forma parte del Coro de Cámara “Axis Mundi”, llevándose las palmas de la concurrencia. Y con la intención de externar sus conocimientos, cursa la instructoría en la Facultad de la Escuela de Bellas Artes, dependiente de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca.
Ya con estos antecedentes participa en “La Feria del Mezcal”, junto con la Banda Filarmónica Universitaria (UABJO). En el 2017 participa en el Martes de Brujas, en Xoxocotlán, con el ensamble “Anacruza”.
Continuando su participación como cantante de la orquesta “Macedonio Alcalá”, es invitada como cantante de la Banda Filarmónica “Aroma Oaxaqueño”; también participó en las festividades de La Guelaguetza 2018, acompañada de la Orquesta de Cámara de la Heroica Ciudad de Tlaxiaco. Y no se queda con lo que ella ya sabe, dirige el Coro de una Escuela de Cuilápam de Guerrero; por último, es directora del Proyecto “Voces del Valle de Oaxaca”.
La artista
Amellaly Ignacio se ha consagrado como una gran soprano; su voz llega a los confines de nuestro estado de Oaxaca, aunque puede llegar a otras fronteras; su canto se torna en una voz de suma resonancia que hace vibrar el corazón llegando al sentimiento, lo cual significa que es una artista que nació para cantar.
Por toda esta descripción, la joven promesa de Oaxaca merece el impulso necesario, las oportunidades consideradas para llegar a la cima del éxito del canto; desde luego, es merecedora de un lugar especial; además, cuenta con lo principal: la juventud y el talento; su figura diminuta le ayuda en el escenario; con escenografía que le imponga su voz, se convierte en la del gorrión solitario, pidiendo y viviendo del aplauso público. Me consta que la joven soprano, con su enorme voz, nos traslada a otras dimensiones.
