Tienen empleos formales en empresas e instituciones de gobierno o educativas, pero para efectos reales, engrosan las cifras oficiales de trabajadores informales.
Emma forma parte de ese universo que la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) calcula en millón 407 mil personas ubicándolas al mismo nivel de quienes laboran en el sector agropecuario, comerciantes ambulantes y labores domésticas remuneradas.
A pesar de que trabaja en una institución de educación pública de nivel superior, ella no tiene un contrato, ni siquiera su cargo o función clara. “Únicamente fui invitados a trabajar en la institución, pero no hay certidumbre laboral, no hay una relación laboral como tal, no soy sujeta de créditos porque no puedo comprobar ingresos o que tengo un patrón”, explica.
Los mismos datos de la ENOE del último trimestre del 2018 indican que de la población subordinada y remunerada de Oaxaca registra a 785 mil personas, es decir el 43.3 por ciento de la población ocupada de los cuales sólo el 34 por ciento tiene acceso a instituciones de salud pública, el 36.2 por ciento a prestaciones laborales y el 35.4 % tiene un contrato.
Otro conflicto que enfrenta es que debido a que no puede comprobar una relación laboral como tal, no tiene acceso a créditos bancarios porque no tiene ninguna garantía de que podrá pagar.
Lo que caiga es bueno
La falta de contrato o carencia de prestaciones no se compensa con los ingresos que percibe, pues en su caso percibe 8 mil mensuales, pero no tiene bonos o incentivos, tampoco derecho a un crédito de vivienda o acceso a servicios de salud o guarderías públicas.
“Desafortunadamente la necesidad de trabajo y de incorporarme al sector laboral me llevó a aceptar la oferta, además que actualmente es complicado encontrar un trabajo formal con todas las prestaciones laborales”, señaló.
La informalidad laboral no es exclusiva de quienes tienen estudios básicos, pues en su caso Emma cuenta con estudios universitarios y preparación académica adicional. “Además de no tener prestaciones laborales, es un hecho que incluso percibo menos ingresos que un vendedor ambulante”, declaró.
Aunque Oaxaca se ubica como una de las cuatro entidades del país con la menor tasa de desocupación, sólo un dos por ciento tiene certidumbre laboral y económica.
En términos numéricos, del millón 732 mil personas ocupadas al último trimestre de 2018, un millón 407 mil está en la informalidad ya sea dentro del sector agropecuario, labores domésticas remuneradas, o en establecimientos, empresas y oficinas de gobierno que no brindan prestaciones.
