El arzobispo de Antequera-Oaxaca, Pedro Vázquez Villalobos agradeció a Dios por sus seis años de ministerio episcopal y por haber llegado a una tierra buena donde se disfruta su presencia.
“Como disfruta uno, cuando llega a un pueblo humilde y sencillo de corazón”, afirmó.
En la homilía de la celebración eucarística, que presidió con el arzobispo emérito, José Luis Chávez Botello, y una decena de sacerdotes en la Basílica Menor de Nuestra Señora de la Soledad, el jerarca religioso expuso que en sus seis años como obispo en tierras oaxaqueñas, primeramente en la Diócesis de Puerto Escondido, se ha encontrado a un pueblo con hambre de escuchar la palabra divina, para mover su razón y así Dios pueda realizar una obra de santificación.
“Se disfruta mucho cuando el pueblo escucha con atención y con respeto a quienes por la gracia de Dios, anunciamos el Evangelio y presidimos la eucaristía”.
En estos años –insistió–, “he podido encontrarme con personas de corazón humilde y de sencillez grande, que disfrutan la presencia de Dios, que siempre está dispuesto a recibir el mensaje de Dios, que siempre está con esa actitud de ser bendecido por Dios”.
Por eso, subrayó que su presencia, la de las religiosas y la de los agentes laicos representa una bendición en las diferentes comunidades, porque así lo ha vivido y sentido.
“Cuando me ordenó (obispo) el cardenal Juan Sandoval Íñiguez, me dijo ‘disfruta tu ministerio episcopal, gózalo, disfruta, cuando te inviten al pueblo, no digas que no, lo vas a disfrutar, lo vas a gozar’. Y así ha sucedido”, asentó.
Sin embargo, observó que el amor, el respeto y el saber escuchar también constituyen una bendición para él, los sacerdotes, las religiosas y agentes laicos.
“Si nosotros somos una bendición para ustedes, también son una bendición para nosotros. Por eso, quiero seguir siendo bendecido por ustedes, por el amor, por el respeto, por la sencillez. Todo eso es una bendición”, apuntó.
No guardar rencor a sacerdotes
Antes de la bendición, Vázquez Villalobos pidió tener mucha caridad y misericordia con los sacerdotes y no guardar resentimientos en su corazón.
“Eso lo quiere Dios, necesitamos ser perdonados, necesitamos de su comprensión y sobre todo de su oración, para parecernos cada día más al pastor por excelencia que es Jesucristo”, asentó.
