Artes de México es una editorial que este mes cumplió 30 años de experiencia, enfocada en la promoción y difusión de la diversidad cultural de México en todas sus manifestaciones creativas. Su director, Alberto Ruy Sánchez, habla de las tres décadas en las que esta revista marcó una diferencia en la calidad de impresión, en México. En tiempos en los que muchos medios migran a las versiones digitales, mantener el precio de las revistas impresas es toda una osadía.
"La tecnología ha avanzado mucho; ahora se puede imprimir con gran calidad, pero no ha avanzado lo suficiente para que puedas tener tirajes variables y baje el costo por unidad; aún tienes que hacer un tiraje más alto para que la unidad cueste menos; eso nos ahoga, así como lo hace la desaparición de la publicidad en los medios impresos", confiesa el escritor y editor mexicano.
El trabajo de Artes de México se puede equiparar a la labor que haría una fundación, en cuanto a los proyectos que han trabajado con artesanos, así como la posibilidad de vender la publicación a la quinta o sexta parte de su costo y valor real.
Y es que desde hace 10 años venden cada número de Artes de México en 200 pesos, cuando hacerlo cuesta mil. La diferencia para poder seguir haciendo rentable la pagaba la publicidad, que lamentablemente ha desaparecido, lo cual, confiesa Ruy Sánchez, los tiene en un momento de redefinición, porque producir cada número cuesta mil 500 pesos.
"Ahora tenemos Artes de México en impreso y digital, pero él cree que la experiencia es totalmente distinta; la gente que abre la revista, lo primero que hace es oler el papel y la impresión, experiencia que no te da lo digital".
Alberto Ruy recuerda que en sus inicios fue una empresa utópica porque partieron de no tener capital; algo suicida, pero al mismo tiempo llegaron a los 30 años sin tener nada detrás, más que la fórmula que les enseñó Fernando Benítez, cuando hicieron periodismo cultural: "Toda la carne al asador", así que en cada número han puesto lo mejor que tienen.
Así concluyen que en 30 años marcaron una diferencia entre la calidad de impresión y el color que no había hace tres décadas: "lo hicimos pensando que el impresor tiene una gran importancia, porque su ojo y el amor que le pone a su trabajo hizo toda la diferencia, lo cual implica tiempo".
