El periodismo como modelo de negocios está en crisis porque la información se ha convertido en una mercancía gratuita, por ello es necesario validar la función social del periodista profesional, reinventar el oficio, así como buscar mecanismos de financiamiento público y privado para preservar el importante papel que juegan los medios de comunicación en las sociedades democráticas, afirma el periodista, economista, sociólogo y doctor en Ciencia Política por la Sorbona de París. Jorge Zepeda Patterson.
En entrevista exclusiva para Noticias, sostiene que como la información se ha convertido en una mercancía gratuita, la sociedad o el mercado ha dejado de rentabilizar la profesión. “Es como si de repente hubiese clínicas dentales gratuitas, entonces para qué alguien iría a un consultorio donde tiene que pagar; para qué alguien va a comprar un periódico si puede encontrar información gratuita, entonces este periódico para qué le va a pagar a periodistas que se formen y dediquen profesionalmente a esto por medio de un salario, si la información ya es gratuita. Ese es el gran tema, que el modelo de negocio que justificó o explicó la existencia de un gremio profesional está en crisis”.
Expresa que en este contexto quienes se dedican a la profesión tienen que validar la función social del periodista profesional para encontrar una salida y aquí se está en un terreno inédito. “No sé, aventuro que los gobiernos pueden subvencionar a las empresas periodísticas por su función social. Esa puede ser una salida, no lo sé, estamos en zona inédita”.
El ex director del periódico El Universal, comenta que en Francia el gobierno subvenciona diversos medios de comunicación, porque la comunidad percibe como algo muy preocupante la crisis en estas empresas. “Pero hay otras opciones, el New York Times, por ejemplo, recibe más ingresos hoy por la venta de la suscripción digital que por la del papel y ha encontrado un modelo de negocio que puede sobrevivir en estas plataformas. Son varias vías, a la mejor una mezcla de todas ellas al final va a ser decisiva”.
“Y luego probablemente también siempre habrá un lector que quiera tener un impreso con información, documentación, etcétera, a lo mejor va a ser minoritario, pero podría ser una pata más de la mesa por la cual pueda sostenerse este maravilloso oficio”.
Momentos antes de presentar su nueva novela, - Muerte contra reloj-, en la 38 edición de la Feria del Libro, subraya que esta crisis además hace necesario reinventar el oficio del periodista. “Es claro que el papel es una tecnología del siglo XIX y XX y que en el siglo XXI quedará casi con carácter testimonial, pero evidentemente las nuevas generaciones ya son consumidores de información por otras vías, lo cual lleva a los periodistas que nos formamos en las plataformas anteriores, absolutamente, a abordar los temas con mucha imaginación”.
“Creo que estamos en ese proceso de parto, de tratar de explorar, de probar, de ensayo y error, pero quiero ser parcialmente optimista en el sentido de que la comunidad, la sociedad, necesita información contrastada, investigada, profesionalmente tratada, máximo ahora que circula tanta pseudo información, distorsión; debemos encontrar los tonos y códigos para que puedan ser exitosos estos nuevos lenguajes”.
Dice que la información debe ser amena, pero mucho más dinámica, con más contexto. “Creo que el papel del periodista va a ser más de un curador de la información, en el sentido de que nunca como ahora el consumidor había tenido tanta información a su alcance. Hoy abunda la información pero por lo mismo no se puede discernir cuál es la información verdaderamente trascendente para tomar decisiones y, por otro lado, hay mucha información de entretenimiento, información basura, viciada, pseudo crítica, ahí es donde el profesional se va a hacer cada más importante, el tema es cómo encontrar el lenguaje adecuado”.
El periodista que transitó del periodismo a la literatura para narrar las historias que se quedan en el tintero porque no se pueden documentar, -“aunque uno sabe que así sucedió, no hay el testimonio o la fuente con el que uno la puede publicar”-, mismas que vertió en Los corruptores, Milena o el fémur más hermoso del mundo y Los usurpadores, una trilogía que exhibe los vicios de la clase política y lo que está detrás de ellas, destaca que habrá algunas personas que digan que los periodistas son anacrónicos, “pero yo quiero pensar que no es así, que en efecto hay una necesidad de un profesional que esté haciendo un decantamiento de la información requerida”.
“¿Por qué? Porque si solos nos vamos con las inercias del mercado acabaríamos consumiendo solo información basura; los sabemos muy bien los periodistas, uno publica una nota sobre las Kardashian o Galilea (Montijo) y eso va a tener muchos consumidores, en tráfico digital, va a rebotar en las redes sociales, etcétera, pero si sólo dejamos que circule información que la gente está consumiendo, es como la comida chatarra, la gente acabaría muy mal nutrida y una opinión pública desnutrida o peor aún, obesa por la información chatarra es una opinión pública condenada al fracaso, a no tomar decisiones”.
Añade que genera tráfico una noticia que da cuenta de que dentro de seis años la ciudad se va a quedar sin agua, por ejemplo, y sin embargo los medios de comunicación tiene que publicar eso para hacer consciente a la sociedad, para que se forme un criterio y eventualmente tome decisiones al respecto, de no hacerlo seríamos una sociedad condenada al fracaso.
Destaca que el daño es social, porque los periodistas cumplen la función de alertar a la sociedad sobre los problemas que le atañen, presentes y futuros, así como formar una opinión pública responsable y madura, lo que únicamente se puede conseguir con información contrastada, investigada, de los temas que importan y no solo de los temas que naturalmente interesen.
Reconoce que la crisis no es una coyuntura fácil porque no es un problema ni siquiera local, es un mundo que se acaba. “Alguien dice que nos encontramos en la tesitura como cuando llegaron los ferrocarriles al mundo de las diligencias y no importa cuán veloz hagamos a los caballos o cuánto mejoremos los carruajes parecería que no hay solución al tema; lo que está claro es que requerimos una enorme invención para reinventar el oficio”.
