Lo más importante de la victoria de Andrés Manuel López Obrador es que da lugar a renegociar un contrato social, que se refunde en la exigencia de la sociedad ante el gobierno de lo que pueden o no pueden hacer los servidores públicos, afirma el politólogo y escritor Emiliano Monge.
Señala que el país está en el momento para que la sociedad se imponga ante el gobierno, “dejándole claro que lo elegimos a cambio de ciertas cosas, porque una muy buena parte de los votantes a favor de López Obrador son ciudadanos que votaron en contra del PRI, el PAN y el PRD, no que votaron a favor de él, y eso lo tiene que entender si quiere que funcione el nuevo pacto social”.
En el Centro de Convenciones, en el contexto de la 38 Feria Internacional del Libro de Oaxaca, subraya que como sociedad tenemos que exigir y saber ponerle límites al gobierno. “Una de las cosas importantes por las que ganó Andrés Manuel es que estamos hartos de la corrupción, el nuevo contrato social tiene que implicar cero corrupción, no puede robar nadie cercano a Andrés Manuel, ni nadie del gobierno, ni puede haber casos como la estafa maestra, etcétera, etcétera".
Dictar la ruta
Tiene que quedar claro que eso se acabó y si no se acabó tenemos que ser capaces de cambiar al gobierno y tenemos que ser capaces de quitar a Andrés Manuel el apoyo con el que llegó al poder; así se empieza a renegociar el contrato social”.
Asevera que todo contrato social es una pugna, el gran problema de México es que el último contrato social es el de la Revolución y se fue desmantelando poco a poco, las reformas de Carlos Salinas al artículo 27 de la Constitución, por ejemplo, fue una traición a ese contrato social, porque el contrato implicaba la tenencia comunal de la tierra.
“El fin del ejido es uno de los golpes a un contrato social que hasta ahora no se ha renegociado y hoy estamos en posibilidad de renegociarlo, en este momento en que se viene un nuevo gobierno y es importante que como sociedad lo sepamos y lo intentemos hacer. Esto puede irse dando de manera natural si entendemos la responsabilidad que nos atañe como sociedad, al haber logrado un cambio democrático por primera vez en la historia de México, porque lo que había habido no había sido democrático”.
EL ESCRITOR MILITANTE
Estudioso de la realidad política y social del país, pero además militante de la izquierda no partidista, sostiene que la ciencia política es algo que puede ser enriquecedor si uno lo vierte en la literatura. “La literatura sirve de receptáculo para muchas formas de rehacer diferentes ámbitos; tampoco ahora que me dedico plenamente a la escritura, que llevó ya muchos años, tampoco he abandonado la parte del análisis político, hago artículos de tanto en tanto, sigo atento, soy muy militante”.
-En su obra, a veces, la realidad política y social da pauta a la narrativa.
-Sí, en algunos de mis libros es completamente cierto; los primeros libros, Arrastrar esa sombra y Morirse de memoria, son muy intimista y creo que es porque no me atrevía a hablar de ese tema que para mí es México, sin tener herramientas para hacerlo me sentía muy inseguro de hablar y tuve que haber escrito estos dos libros para sentir que había encontrado ciertas herramientas literarias para poder llevar ese México que yo trataba desde otro lugar hacia la ficción, a la literatura, y ahí sí vinieron tres libros que son: Cielo árido, Las tierras arrasadas y La superficie más honda, que son aproximaciones al mundo de la violencia, de la necesidad, al de la desigualdad, al de la pobreza, al de la aridez de México. El último, -No contar todo-, es quizás una síntesis de esos dos tipos de libros, es quizá una mezcla de los primeros muy intimistas y estos libros de México.
Víctima y victimario
Emilio Monge expresa que la ficción permite ver al ser humano y a las situaciones en los 360 grados. “Por ejemplo, en Las tierras arrasadas, que es sobre migrantes centroamericanos, es también una historia de amor entre dos secuestradores, pero me parece que es muy fácil ponerse en el lugar de la víctima, cualquiera puede hacer eso, lo complicado es retarnos a ponernos en el lugar del victimario y es tan necesario entender a la víctima como al victimario, para salir de las sociedades de violencia en las que estamos atrapados. La distancia que hay entre víctima y victimario en ciertos casos es mínima, son seres humanos que nacieron en un mismo lugar, en condiciones muy similares, que tuvieron un desarrollo o forma de vida muy similar y que una pequeña decisión los volvió una cosa u otra; las consecuencias de esa pequeña decisión pueden ser enormes, pero me parece que para entender esas consecuencias hay que entender esa pequeña decisión y entender a la persona, es decir el secuestrador también tiene hijos y los ama, y los trata como un buen padre cuando llega a su casa. Hay que se empáticos de manera radical, con todos, porque solo así podemos reconstruir un lugar mejor para habitar”.
-Usted afirma que la literatura puede ayudarnos a superar los problemas de violencia, ¿cómo?, ¿de qué manera?
- La literatura, el arte en general, la pintura, la música, dan lugar a la empatía, permiten que uno pueda abandonarse así mismo, dejar de ser uno mismo durante un rato para ser alguien más, un personaje, y habitando esa otra realidad ver el mundo con unos ojos distintos y entender la realidad de los demás como si fuera la de uno mismo; eso que la literatura lo permite, el acto estético, da lugar a esa posibilidad, a una ética distinta, a una ética en plural no solamente de uno, da lugar a que uno pueda reconfigurar el universo en el que vive desde la individualidad que es donde debemos de empezar.
