Fue como un bramido de la tierra, una explosión profunda que hizo salir a la gente de sus casas. Había desconcierto, confusión. A lo lejos, una zona cercana a su cerro sagrado, el Zempoaltépetl, caía hacia el vacío con la docilidad de un polvorón.
El sobresalto generalizado paralizó los corazones de las mujeres. Por la mañana sus esposos habían salido a tratar de reparar los caminos. Temieron lo peor. El reloj había pasado las 13:00 horas.
Dos horas antes Miguel había salido de casa para encaminar a su esposa Lorenza y sus hijas Nadia de 15 años y Liz Ivette de 9, hacia Tamazulápam para asistir a la junta de tutores en el Colegio de Bachilleres de Oaxaca (Cobao).
La familia, como la mayoría en la comunidad, vive con escasos recursos. El padre, un joven que no rebasa los 40 años, realizaba eventualmente trabajos de albañilería, la madre se dedicaba a las labores del hogar. Ambos se dedicaban al campo en la siembra de autoconsumo.
Liz era estudiante en la escuela primaria. Nadia, había superado los distintos obstáculos que viven las jóvenes para cursar su educación básica y continuar en la media superior. Tenía aspiraciones de vida que sólo lograría si no desertaba de la escuela.
Habían sido días de intensa lluvia, pero ese lunes sólo briznaba desde el cielo nublado. La familia avanzó hasta internarse en el camino obstruido por toneladas de lodo ocasionado por un primer derrumbe.
El estruendo vino por segunda ocasión. El primer pensamiento fue que el Zempoaltépetl se estaba cayendo, eran ruidos exagerados.
La tragedia
Dionicia, hermana de Miguel ya no alberga muchas esperanzas en el corazón. “Sólo Dios sabe”. Su voz no se quiebra detrás de la bocina al teléfono e intenta recapitular cada detalle, el zapato de Miguel encontrado entre el lodo, el testimonio de quienes vieron por última vez a su hermano y familia en el camino de salida a la población pero nunca llegaron a su destino, más de 48 horas de ausencia, de una casa completamente vacía.
Como en luto, las risas de los niños que habitan en Metaltepec se apagaron. Las clases se encuentran suspendidas porque el acceso es imposible para los docentes. “Todos estamos dolidos”, expresa.
El miércoles la autoridad municipal convocó a través del altavoz a establecerse en un cuerpo de alrededor de 150 voluntarios. Aunque consideran que las esperanzas de encontrar a la familia con vida son mínimas, desean hallar los cuerpos para poder realizar los funerales correspondientes.
