Las historias que valen la pena tardan mucho en madurar, afirma Guillermo Arriaga; lo dice con tal contundencia como quien se ha tardado 45 años en escribir El salvaje, la novela que le está representando el éxito en su carrera como escritor, que equivale al que le valió el guión de Amores Perros en su carrera cinematográfica. La entrevista la concede como la primera en esta visita a la ciudad, invitado por la 38 Feria Internacional del Libro de Oaxaca.
Después de siete años, el autor de otros guiones premiados en Cannes, Venecia y nominados al Óscar: 21 gramos y Babel, vuelve a Oaxaca para hablar de esta novela que acaba de presentar en Alemania e Italia y que ya salió en Polonia, Rumania, Francia, Estados Unidos, Lituanio, Rusia, Serbia y que será publicada en chino.
"Creo que tengo un proceso parecido al de García Márquez; él tardó 30 años en escribir Cien años de soledad, y yo tardé 40 y tantos en escribir El salvaje". Este libro publicado en México por Alfaguara, es la primera obra de Arriaga que es subastada, lo cual nunca antes le había pasado y que acepta, lo hace sentirse muy contento.
"Las historias de El salvaje las tenía en mi cabeza desde niño. Desde chavito quería escribir esta novela; entonces la tuve que madurar. Es una historia muy personal".
"Todas mis historias tienen algo en común. Amores Perros: yo tuve a ese perro, al original, así que la historia la tenía toda el tiempo y tenía el deseo de contar esa historia. Luego tuve un accidente en carretera. Recuerdo el antes del accidente, el durante y el después del accidente, que es la estructura de Amores Perros; luego se me infectó el corazón y de ahí viene 21 gramos, todo tiene que ver con historias muy personales. Son vivenciales".
Leer como acto de transgresión
En el 2011, en la entonces 31 edición de la FILO, Guillermo Arriaga ofreció una conferencia magistral en el Teatro Macedonio Alcalá. Entonces aseguró que la lectura es un acto de transgresión y lo sigue pensando. Asegura que el arte tiene muchas variantes, de las que la más importante es la transgresión, lo que obliga al observador a ver el mundo de una manera en la que no lo había imaginado.
"La función del arte es obligarte a repensar lo que estás viendo alrededor. Yo me considero un contador de historias, eso es lo que a mí me gusta. No importa tanto el medio, sino el deseo. El chiste es estar abierto siempre a encontrar el mejor medio para contar una historia. Como escritor, no dejo de hacer literatura cuando escribo cine.
Arriaga no es tanto de temas, afirma que las historias le llegan y una vez que estas lo tocan, lo comienzan a morder y morder hasta que las escribe. Su padre era el principal lector de sus novelas y en su proceso de escritura no es presa del ostracismo, sino lo contrario.
Se une a la efervescencia de Oaxaca
Al responder qué lo liga a Oaxaca, asegura que es uno de los estados más interesantes que hay. Conoció el estado cuando era niño, su papá lo trajo y entonces quedó marcado por las grecas de Mitla, su paso por la Sierra y por la fuerza de las zonas arqueológicas.
"Yo traje aquí a mis hijos porque primero quería que conocieran su país, antes de cualquier otro lugar. Exploramos como familia todo lo que su cultura indígena le ha otorgado a nuestra identidad. Quería que mis hijos experimentaran eso, que fueran a comer chapulines al mercado, conmigo, que probaran la gastronomía".
Considera que Oaxaca es una ciudad que está inmersa en su cultura, con tradiciones políticas y sociales muy fuertes, cuya integración entre lo indígena y español crea un caldo de cultivo mucho más antiguo que en otros lugares. "Oaxaca no es un estado de pasividad, es un estado donde hay efervescencia siempre, espero que mis libros hagan más efervescente su efervescencia".
Su platillo favorito es el mole negro. Y no, no ha probado el mezcal porque nunca ha bebido, aunque la gente crea que es doble AA. Tampoco tiene otras adicciones y considera que la coca de dieta es lo más grave que se ha bebido.
"Para poder escribir no tienes que estar torturado, ni borracho. Yo soy muy feliz, la verdad. Siempre he sido un hombre feliz y muy optimista. He tenido otros vicios, pero no esos. La cacería es mi pasión máxima en la vida, lo que me mueve en el mundo es cazar, quizás eso sea lo que más me llene".
Guillermo Arriaga caza con arco y flecha y sabe que existen en México muchísimos cazadores de clóset, que se mantienen al margen por ser políticamente correctos. Él no vino a Oaxaca a cazar, pero sus lectores se siguen sumando a sus tiros certeros en la que confiesa su pasión más grande.
