Ray Lóriga (Madrid, 1967) está en Oaxaca. Es su primera visita a la ciudad; tan sólo lleva 15 horas en ella, cuando pisa el Centro Cultural y de Convenciones de Oaxaca (CCCO) invitado por la 38 Feria Internacional del Libro (FILO). Viste jeans deslavados, playera negra, gabardina gris y unos botines guinda. Su rostro es serio y confiesa, antes de la entrevista, los estragos del jet lag.
No ha tomado mezcal aún, pero ya constató lo que le habían dicho sus amigos mexicanos: "Oaxaca es muy bonito y se come de maravilla". El escritor madrileño, Premio Alfaguara 2017 por su novela Rendición, vino a Oaxaca precisamente a presentar este libro y a participar en una mesa al lado de Guillermo Arriaga, titulada: Imágenes y palabras, escribir para cine.
Prefiere a William Burroughs que a Jack Kerouac; también prefiere la soledad, porque en el proceso del escritor, generalmente se está solo. Antes que escritor prefiere al lector, pero aclara que no hay lo uno sin el otro y entre cuentos o novelas se inclina más por la novela. Entre las rancheras o David Bowie elije al músico y entre los cineastas españoles Pedro Almodóvar y Carlos Saura, escoge a los dos, que además conoce a ambos.
25 años de carrera literaria
El autor de guiones como Carne trémula (1997) y Teresa, el cuerpo de Cristo (2007) tiene 25 años de carrera literaria, 10 novelas y varios guiones cinematográficos. En entrevista, al abordar el cómo migran las historias de la literatura al cine, comparte que, en realidad muchas veces, estas creaciones nacen separadas.
El autor de Lo peor de todo (1992) y Sombrero y Mississippi (2010) considera que cuando empieza a escribir una novela, se entra en un periodo de ilusión, que sería la parte de más disfrute, pero luego se crea una agonía: "luego ya no sabes a dónde va y al final el remate de un libro es para mí bastante agónico, cerrar todos los hilos y darle las últimas puntadas, observar que lo que has trabajado, dos, tres años, es el resultado final entre el agotamiento y la decepción, porque uno nunca llega a lo que soñaba".
Ray Loriga acepta que alterna bien tanto su trabajo en la literatura como en el cine, porque los separa: "La novela es un ensimismamiento total, en el proceso estás solo. Es como una isla. En cambio, el cine es un acto de colaboración, de equipo, los dos mundos son distintos, uno me salva del otro. Cuando acabo una novela, tengo ganas de empezar un proyecto cinematográfico y cuando acabo de este, quiero escribir novela, porque a veces uno termina agotado de hablar tanto, de que todo lo que haces está sometido a opiniones ajenas. Disfruto de la soledad de volver a la novela, porque en todas las horas que pasas escribiéndola te vuelves un poco autista, aunque tengas a familia y amigos cerca".
"Las relaciones humanas son uno de los temas esenciales para mí. Me interesa la relación entre el punto de vista de un mero individuo y el del magma de los demás"
Rendición, la parábola de la ciudad transparente
En su novela Rendición utiliza la parábola de la observación constante: una ciudad construida con materiales transparentes para crear esa misma sensación paralela a lo que es hoy en día la vida pública, de cara a lo demás, gracias a que el ser humano vive autoexpuesto a la mirada de los demás. Por eso utilizó esa metáfora de la ciudad transparente.
Aunque viene a México por trabajo frecuentemente, no ha visto mucho más allá de cine que de los tres tenores mexicanos, cuenta; aunque hace un par de años fue jurado en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara, donde tuvo oportunidad de ver muchas películas, pero aún no la logrado ver, por ejemplo, La negrada, de Jorge Pérez Solano.
Ray Lóriga se muestra cómodo y contento, para él los premios son "positivos por la plata, el prestigio, la prensa y disfrute de viajar por tantos países". Le dan la posibilidad de alcanzar y ampliar a sus lectores, porque sabe que muchos lo descubren gracias al premio. Y en ese mismo humor y buen gusto llegó a Oaxaca a conocer a más lectores, a convidar con sus amigos escritores en esta feria, luego de un viaje largo, tras el cual, ahora sí le apetece un mezcalito.
