Las expectativas de sueldo de María de los Ángeles, una mujer de 58 años que desde hace dos años busca un empleo formal, son sobrias. En la solicitud coloca la cantidad de seis mil pesos al mes “no es mucho, pero por lo menos para vivir”. El reclutador la mira con asombro y recelo. “Deje su solicitud y nosotros le llamamos”, le dice, pues el ofrecimiento de la empresa es de sólo 2 mil 400 pesos al mes.
Jornadas extenuantes, más allá de las ocho horas, horarios mixtos y bajos sueldos, son los ofrecimientos que otorgan las empresas asentadas en Oaxaca, algunas de grandes cadenas, a las personas adultas mayores y con discapacidad.
Sueldo insultante
La mujer lleva recorridos cuatro stands de los instalados en la Sexta Feria del Empleo para personas adultas mayores y con discapacidad, en todos, los sueldos no pasan de los mil 200 quincenales, en el mejor de los casos el ofrecimiento ha sido de mil a la semana, pero con la advertencia de más de ocho horas de labor cuando así se requiera.
Desde hace dos años que dejó su empleo por cuestiones de salud no ha podido volver a colocarse. Ella se dedicaba a la venta de artículos de papelería, su sueldo en ese entonces era de mil 500 semanales.
Lucina Manzano, también de 58 años de edad. “Los sueldos son muy malos, las empresas piensan que ya no merecemos más porque nos creen improductivos. No nos dan la oportunidad de demostrar que somos personas más responsables y más trabajadoras”, señala.
Mientas rellena la solicitud que dejará con la esperanza de que la llamen para el empleo, piensa en el deterioro de su vida y la necesidad de tener un empleo formal.
La informalidad
La mujer se dedica a la elaboración y venta de pasteles de manera informal, labor con la que mantiene a su madre. La compra de medicinas es uno de los rubros en donde más se fuga el dinero.
Las personas mayores no tienen muchas posibilidades de acceder a un empleo porque empresas y gobiernos las consideran poco productivas o inútiles, en la peor de las concepciones.
Incluso cuando se las llega a emplear, muchas veces se hace en condiciones de precariedad, con menores salarios y sin prestaciones laborales, argumentándose que se hace por filantropía y no para aprovechar su experiencia y habilidades. Esto las ha marginado a trabajos inseguros, informales o mal remunerados.
Las personas con discapacidad tampoco tienen muchas oportunidades. René tiene 28 años de edad, es un joven con discapacidad mental y epilepsia a quien le han negado un empleo debido a las crisis convulsivas que presenta.
