Bajo la sombra del laurel descansa una familia. La mamá prepara las blanditas con salsa y chapulines. Los niños curiosean en el atrio del antiguo convento de las monjas carmelitas, amurallado por el verde cantera que la aísla del barullo exterior.
A un costado de la puerta lateral del templo construido en el siglo 17, una mujer enrebozada y sus hijas comparte embarraditas con queso. La imagen parece extraída de varios siglos atrás, pues el templo de la Virgen del Carmen Alto, sigue acunando el descanso de las familias oaxaqueñas, principalmente al correr el mes de julio.
Parte de la historia apunta a que el lugar fue un teocalli, es decir un templo sagrado en donde se celebrarán las fiestas a la diosa Xilone o del maíz tierno.
El lugar fue un teocalli, es decir un templo sagrado en donde se celebrarán las fiestas a la diosa Xilone o del maíz tierno. FOTO: Mario Jiménez Leyva
Don Pedro Camacho, en su leyenda Las Fiestas del Lunes del Cerro afirma que todos los mexicas residentes en Huacyacac y los pueblos cercanos se reunían el 13 Tecpactl del Huey Tecuílhuitl (fiesta mayor de los señores en náhuatl), día correspondiente al 16 de julio del calendario actual
Los Carmelitas, al ver que la gente se reunía aquí y posteriormente subía al cerro de la Bella Vista, hoy cerro del Fortín, contemplaron el lugar como lugar para establecer primeramente una ermita.
En el siglo 17 al ser de mucho esplendor y dinero, los carmelitas pudieron construir el templo y con ello suprimir lo que ellos llamaban idolatría por una imagen mariana con rasgos europeos. Para lograr la evangelización mantuvieron la tradición de caminar desde aquél lugar hasta el fortín durante los dos lunes de julio posteriores a las celebraciones religiosas.
Así, desde 1679 la fiesta secular del 16 de julio incluía espectáculos españoles con las tarascas, la sierpe y los gigantes, conocidos actualmente como monos de calenda.
Muchos siglos más tarde, en 1936 la tradición se fusionó con la creada para celebrar el aniversario de la elevación de Oaxaca a ciudad, es decir lo que hoy identificamos como la fiesta de la Guelaguetza efectuada por primera vez el 25 de abril de 1932.
Si bien el homenaje racial tuvo buena aceptación desde su inicio, conjuntarla con la Fiesta del Carmen garantizó la presencia de los oaxaqueños en el Cerro del Fortín.
Han pasado muchos años de aquello. Sin embargo, los alrededores del templo del carmen Alto durante julio, se siguen perfumando con el olor propio de Oaxaca en sus empanadas de amarillo y epazote, molotitos de chorizo y tlayudas con asiento que preparan al comal las verbeneras. Las noches son alumbradas por los destellos de los focos de los puestecitos de comida, y las familias, aunque pocas, siguen reuniéndose al pie de la iglesia para llenarse de la tranquilidad que se respira en el lugar. (Información proporcionada por la asociación civil Guías Certificados Oaxaca Mexico)
