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Macuiltianguis: viento nuevo en la Guelaguetza

Foto(s): Cortesía
Citlalli López Velázquez

SAN PABLO MACUILTIANGUIS, Oaxaca.- El resoplar de la trompeta hila divertidamente las notas del "Torito Serrano", baile que fue establecido a manera de evangelización y de solemnidad ante el fallecimiento de un niño. El compás, que levanta revuelo en los Lunes del Cerro, flota como la neblina en la que se acurruca la población de la Sierra Juárez, cuna de este jarabe.


 



El "Torito Serrano", baile a brinquito en huarache.

 


La melodía es un viento nuevo liberado de los pulmones y corazón de Alan, uno de los jóvenes músicos que llevarán a la Rotonda de las Azucenas la alegría del Jarabe de Macuiltianguis.


"Aunque la música es un elemento central en las fiestas de la Guelaguetza, en las tomas de la televisión pasan desapercibidos; sólo sabemos que son nuestros niños porque distinguimos el sonido de cada instrumento", explica Maira Pérez.
 


Generación de músicos


Ella es madre de Alan, trompetista de 15 años de edad; de Estephani de 14 años de edad, quien en el bombo es la única mujer de la banda de música; así como de Edgar de 17 años, también trompetista y coordinador de la agrupación.


 



Alan, el joven tompetista que debutó en la Guelaguetza a los 13 años de edad. FOTO: Emilio Morales Pacheco

 


Fue hace cinco años cuando a iniciativa del profesor Anselmo, hoy finado, comenzó a gestarse el proyecto. La finalidad es mantener viva la herencia musical, pues los integrantes de la banda San Pablo, habían envejecido.


A la convocatoria respondieron 19 niños y una niña: Estephani. Al final sólo culminaron cinco.


 


Mi niña iba con la flauta, como era chiquitita no le tomó mucho interés. Recuerdo que cinco días antes, en su presentación, un 10 de mayo, le dijo: ¿quieres tocar el bombo? Ella le aprendió rapidito. Poco a poco se fueron integrando más niños.



 


Hoy, la banda Viento Nuevo o Bee Kubi en zapoteco, es la titular en el acompañamiento del grupo folclórico en su participación del homenaje racial.


Estephani, la única mujer en la banda, cursa el tercero de secundaria; su gusto por la música, al igual que el de sus hermanos Alan y Edgar, fue heredado por el abuelo, a quien contemplaron acariciar las notas con las yemas de los dedos sobre los pistones de la trompeta. “Cuando era más pequeño, le robaba su trompeta y me venía a la casa a practicar”, recuerda Alan.


Aquella figura, admiración e inspiración, los motiva a preservar su cultura.
 


El pueblo entre las nubes



Macuiltianguis, acunada entre la bruma de la serranía. FOTO: Emilio Morales Pacheco

 


La lluvia golpetea el techo de la vivienda de adobe. Es un tenue tic, tac, tic, tac que atrapa en casa. El aroma a café y pan sacude el frío de una tarde nublada de julio.


La mayoría de las casas están cerradas. El martes, uno de los dos días de la semana en que hay corridas de autobuses, se llevó a los pobladores a la capital de Oaxaca para la realización de trámites y compras.


Maira corta el pan. El cuchillo lo hace crujir como un serrucho cortando un árbol. Las rebanadas rebosan en el recipiente y lo ofrece con una taza humeante, mientras relata la emoción que sacude su ser con el recuerdo de 1994, la primera ocasión en la que bailó con la delegación de Macuiltianguis. Tenía 19 años.


 


Fue una bonita experiencia porque no conocía la ciudad, nunca había salido de Macuil. Me sorprendí de ver tanta gente, tantas casas, tantos carros.




 


El auditorio los esperaba repleto de gente bajo un sol radiante. No había nada más en su mente, que el deseo de bailar lo mejor posible para arrancar el aplauso del público. La alegría de la gente se desbordó.


“A mi me tocó aventar a mi pareja afuera de la rotonda, y la gente me lo regresaba; le volvía a pegar y la gente lo volvía a regresar. Así lo bailamos; si le dolió, pues ya ni modos; si lo golpeaste feo, pues ya ni modos, se aguantan. Todo es parte del baile”.


Desde 1971, el Torito Serrano regularmente forma parte de los bailables de la mundialmente conocida Guelaguetza oaxaqueña.
 


El torito, un baile de origen evangelizador


No se tienen datos exactos del autor del singular baile en el que las mujeres simulan ser toros embistiendo a los toreros. La versión más nítida que se tiene, explica Guzmán Manzano Pérez, secretario municipal, es que el baile se estableció como una manera de atraer a la población a la iglesia.


Con el paso del tiempo, el Torito Serrano se adoptó en los velorios de los niños y niñas que antiguamente morían, víctimas de alguna enfermedad actualmente curable, como sarampión.


 


Esto, como un homenaje a aquella persona que no pudo llegar a la juventud y adultez.




Giovani, bailarín del Torito Serrano. FOTO: Emilio Morales Pacheco

 


El baile es acompañado por versos, los cuales son conservados por las personas de mayor edad en la población. En ellos hablan de su manera de concebirse como localidad.


“Estos toritos que bailan son de mero Macuiltianguis, el lugar de la alegría donde existe la armonía”. “Estos toritos que bailan son de la Sierra de Juárez, los venimos manteniendo con rastrojos de solares”. 
 


Guelaguetza, una forma de vida


Para quienes habitan en la localidad, la guelaguetza, más allá de una representación dancística, es una forma de vida que expresa la solidaridad comunitaria.


 



El recuerdo de su presentación en la Guelaguetza, en julio de 1997. FOTO: Emilio Morales Pacheco

 


Un ejemplo de esto se manifiesta durante la construcción de una casa. "En la cimentación, la gente llega con su reja de refrescos, cervezas, comida o dinero para contribuir en algo, sin esperar que esa ayuda le sea retribuida. Lo mismo ocurre cuando la construcción va a terminar. Esa es nuestra guelaguetza, es el dar de corazón, de hermandad”.


Otra de las características que marca a la localidad ubicada a 109 kilómetros de la capital del estado, es su alta migración. Al menos un 90 por ciento de la población fue o tiene familiares que viven fuera de la localidad, principalmente en Estados Unidos.

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