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Ikoots, la eterna historia de exclusión en el Istmo de Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Redacción

JUCHITÁN, Oaxaca.- La presa Benito Juárez rebosa, luego de las lluvias; hace más de 50 años no era así, toda esa agua iba a dar a las lagunas, esta retención del líquido en la presa dio al traste con el ecosistema lagunar del que disfrutaban los pueblos huaves como San Mateo del Mar.
 


En resumen


La escritora Elisa Ramírez que realizó un trabajo de campo hace cuatro décadas en San Mateo del Mar y que aterrizó en el libro “El fin de los Monteok” llegó cuando la falta de agua en las lagunas empezó a afectar la zona.


“A principios de los 60 se había construido una presa sobre el río Tehuantepec, los huaves que viven en el brazo de la laguna, al quitárseles todo el flujo de agua dulce cambió por completo la salinidad de las lagunas y el mangle, que es una estructura ecológica muy frágil empezó a cambiarse completamente, comenzaron a azolvarse las barras y entonces cambió todo el flujo del mar abierto a las lagunas”.


La escritora que llegó al Istmo en la década del 70, acompañada de su entonces pareja el pintor Francisco Toledo, consideró este hecho como una gran desgracia para los mareños porque:


 


Llos huaves junto con los seris son los únicos indígenas que son exclusivamente pescadores, para todo el maíz y otras siembras dependían de sus vecinos zapotecos, entonces siempre ha habido una relación desigual, de explotación, de colonialismo interno, porque los tecos siempre han sido bastante racistas con los huaves.



 


Particularidades huaves


La escritora cuenta que cuando llegó por primera vez a San Mateo del Mar era una sociedad muy cerrada, apenas se había abierto una brecha por la que se tardaban dos horas de camino bordeando las dunas entre la carretera Panamericana y la población.


 


Era una época muy difícil, era una sociedad muy hermética, era un lugar que no se aceptaba a los extranjeros y menos a las mujeres.



 


La apertura de la cultura huave se dio cuando se construyó la refinería, los Ikoots fueron contratados porque a diferencia de los zapotecos no eran tan conflictivos y para la escritora los jóvenes empezaron a salir del pueblo para trabajar o estudiar.


Llegó un tiempo en que los huaves no les interesó su propia cultura, pero con el paso del tiempo con el resurgimiento del movimiento zapatista y la revaloración del mundo indígena han volteado otra vez a su cultura y “El fin de los Monteok” que recoge cuentos, leyendas y costumbres de los Ikoots se ha vuelto un clásico.

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