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"Obliga" Sección 22 a negocios de Oaxaca trabajar a puerta cerrada

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

El segundo día de movilizaciones por parte del magisterio oaxaqueño paralizó la actividad comercial, pero para quienes laboran en los establecimientos no fue día de descanso.


Ayer por la mañana las mesas de un restaurante en la Plaza Mazari estaban montadas y vacías tan pronto los últimos comensales que llegaron antes de las 9:00 de la mañana pagaron la cuenta.


“A nosotros sí nos dejaron entrar”, comentó uno de ellos al salir entre un grupo de al menos cinco personas, pero fueron los últimos clientes de la mañana.


Los meseros se quedaron sentados, no había comensales, tampoco propinas e ingreso extra para los 35 trabajadores que se distribuyen en dos turnos.


“Algunos viven al día”, recalcó Sofía, encargada momentáneamente de indicar a quien quisiera pasar que el servicio estaba suspendido.


El bloqueo a su centro de trabajo le hizo recordar a Ghiovanni cómo en el 2006 perdió su trabajo en un restaurante de los portales del zócalo; tras el fallido desalojo del plantón magisterial “el patrón ya no pudo pagar los sueldos”.


Lo que ahora percibe trabajando como mesero es el salario mínimo, apenas mil 500 pesos a la quincena, pero son los 200 o 300 pesos de propina diaria, 10 o 20 pesos por servicio, lo que permite costear el gasto de una familia con cinco hijos.


Lo que más le afecta “es que ya contamos con ese dinero para pagos en la casa”, esos gastos diarios que no logra costear con un sueldo tan limitado.


"No dejan entrar ni salir"


Aún con el letrero de 'abierto', pero con las puertas de cristal cerradas en el establecimiento de una aerolínea, Eduardo sólo esperaba la indicación del corporativo de la empresa en la Ciudad de México para retirarse por la advertencia de que al no hacerlo “ya no nos dejaran ir”.


Desde hace dos años que “no dejaban entrar ni salir”, no había presenciado un bloqueo similar que no los hace acreedores a una sanción de la parte patronal, “pero sí afecta la atención” de al menos 20 o 30 personas que a lo largo del día acuden a comprar o cambiar algún pasaje de avión.


Para “matar” el tiempo, Moisés dejó la tienda de ropa donde se encarga de la seguridad interna y comenzó a ayudar al personal de seguridad que con carros de supermercado impidió el paso por las escaleras que integrantes del magisterio no habían bloqueado en la Macroplaza, en Santa Lucía del Camino.


“No hay venta, pero como trabajadores debemos quedarnos, tenemos que estar aquí, los trabajadores están allá adentro haciendo labores, pero no generamos nada de economía”, advirtió Moisés.


Para Arturo, un joven originario de Tijuana que está “de paso” en la ciudad, encontrar esa u otras cuatro plazas comerciales cerradas por una protesta del magisterio fue algo increíble que no suele ver en el Norte del país.

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