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"Soy lesbiana visible"

Foto(s): Cortesía
Citlalli López Velázquez

“Soy lesbiana visible”. Su voz no titubea, no hay matiz para que se pierda, con el bullicio de la cafetería y el jazz suave que se escucha de fondo. Es lesbiana y lo dice en el reclamo de espacio y respeto a su derecho. “Nunca fui de closet (...) Estoy convencida de que lo que no se nombra, no existe”.


Deja el café sobre la mesa. Ha sorbido un poco. La música sigue un ritmo pausado que permite la plática. Vilma Kattu Ulloa es activista, feminista y lesbiana. “Lesbofeminista como un acto de resistencia”, afirma, pues considera que la heterosexualidad es una acción obligada impuesta por el sistema dominado por los varones.


“Necesitamos nombrarnos, necesitamos visibilizarnos, pero también es necesario que las otras personas sepan que existimos. Hay una deuda histórica con nosotras porque somos parte importante de varios movimientos sociales y de cambios en la historia de la humanidad. Hay teóricas, científicas, investigadoras, académicas, hay quienes hacemos la lucha desde las calles y nuestras propias trincheras”, afirma.


Fue quizá a los 20 años, no lo recuerda con precisión porque no lo considera relevante; el hecho es que a esa edad determinó que era lesbiana y lo externó. La reacción de su familia fue de rechazo y discriminación.


-¿Cómo se enfrenta eso?


-Fue difícil y doloroso porque era el rechazo de tu familia. Para mí, fue un proceso que cada persona vive de diferente manera. Yo decidí luchar por lo que creía y creo, y por lo que quería y quiero. Sigo en eso.


-¿Ya lograron entenderlo?


-Ellos ya. Pocos años después de que pasó; el tiempo ya no me acuerdo, porque no fue un tema de preocupación en mi vida. Era un problema de ellos y ellas. Yo decidí ser libre.


-¿Y en el trabajo?


-También fui víctima de acoso por ser lesbiana.



Para algunas mujeres, ser lesbianas es un acto de resistencia o posición política contra el patriarcado

La discriminación


Un documento informativo publicado en 2015 por el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred), señala que el principal problema para personas homosexuales, lesbianas, bisexuales, transexuales, transgénero e intersexuales, en México, es la discriminación (52%), la falta de aceptación (26.2%) y las críticas y las burlas (el 6.2%); el odio hacia este sector de la sociedad llega a derivar en distintas formas de violencia.


La Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) identificó en una temporalidad de diez años (de 1998 a 2008), 696 expedientes sobre agravios a la población Lésbico, Gay, Bisexual, Transexual, Transgénero e Intersexual (LGBTTI).


De éstos, 30 se habían iniciado en la CNDH y otros 339 en los organismos públicos de defensa de los derechos humanos de los estados y la Ciudad de México.


Además de 118 en el Consejo Nacional para Prevenir y Eliminar la Discriminación y, lo más grave, 209 expedientes de averiguación previa de los ministerios públicos de las 15 Procuradurías Generales de Justicia de los Estados que respondieron a la solicitud de información de la CNDH (es decir, menos de la mitad lo hicieron).


De esos 209 expedientes, 162 se refieren a homicidios, 30 a lesiones y 3 a discriminación. El resto corresponde a otras calificaciones como los delitos sexuales.


Violaciones “correctivas”


Vilma, quien es activista por convicción, forma parte de distintas colectivas de feministas y de feministas lesbianas. Su labor es dar acompañamiento a víctimas de violencia.


Dos casos -recuerda- fueron de universitarias lesbianas sometidas a violaciones “correctivas”. Los hechos no fueron denunciados penalmente, ya que las víctimas rechazaron hacerlo.


La ONU califica esta acción como un crimen de odio, en donde, de acuerdo con los casos documentados, son cometidos por hombres lesbofóbicos que reprueban el lesbianismo.


Lo anterior se convierte entonces en un rito de sometimiento del poder masculino en contra de las mujeres que se han declarado lesbianas abiertamente.


“Vivimos una violencia como todas las mujeres; nos matan, nos violan, nos desaparecen y nos ocupan para la trata; es una violencia sistemática que vivimos las mujeres y las mujeres lesbianas”, expresa. 


Otra arista a destacar, agrega Vilma, es que son las mujeres indígenas y lesbianas las que viven mayor grado de discriminación y castigo, pues consideró que en las comunidades regidas por sistemas normativos internos, los derechos de las mujeres no son respetados y mucho menos existe tolerancia hacia quienes tienen distinta orientación sexual.

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