Con siete años de antigüedad en la corporación, Arely Noemí cuenta que su principal motivación para salir adelante son sus hijos.
Recuerda que llegó a la policía en busca de un empleo, pero sobre todo, porque siempre se vio portando un uniforme y saber qué representaba llevarlo.
Arely no sólo enfrentó el reto cumplir con el curso básico de dos meses para todos los aspirantes a ocupar una plaza en la policía.
Su familia también le hizo ver el riesgo que representaba pertenecer a la policía.
Pese a ello, decidió dar ese paso y cumplir con la capacitación. Así, dos meses después, se graduó y pudo ingresar a la Policía Municipal de Oaxaca de Juárez.
“Soy la única mujer policía en mi familia, por eso me hicieron ver muchas cosas, como que no aceptaban que me hubiera enlistado para asistir al curso”, cuenta.
Arely Noemí
Madre de tres hijos
Madre de tres hijos, que actualmente cuenta con 19, 16, 13 y 8 años de edad, Arely menciona que cuando ingresó a la policía su hija mayor le pedía que cambiara de trabajo, ya que el riesgo es mucho.
En cambio, su hija mejor la veía como su heroína y la primera vez que la vio uniformada fue corriendo para abrazarla, al mismo tiempo que la felicitó por proteger a la ciudadanía.
A siete años de su ingreso, hoy su hija de 19 años le pide que se cuide y de ser posible cambie de trabajo, sin embargo, ella dice que aún cuenta con la energía que requiere ser policía, por lo que permanecerá en la corporación hasta donde sea posible.
Se le quebranta la voz al mencionar que por cumplir con su jornada de trabajo muchas veces no ha acompañado a la escuela, a los festivales o incluso no ha estado en las fiestas familiares.
“Yo siempre he vivido con mi papá y él es quien se hace cargo de mis hijos cuando yo estoy en el trabajo, a él le agradezco el que vea por mis hijos”, apunta.
Todas las mañana, cuando debe salir de su casa para iniciar su jornada de trabajo, se despide de sus hijos--que aún duermen--con un beso, con la esperanza de volverlos a ver 24 horas después, que es lo que dura cada turno.
Virginia inregó hace cinco años
Hace cinco años, Virginia decidió ingresar a la Policía Municipal. Así cumplió su anhelo de portar un uniforme.
“Llevar un uniforme implica mucha responsabilidad, no es nada fácil, pero a la vez es algo muy bonito, algo que muchas mujeres desearan portar pero no se atreven a dar ese paso”, cuenta.
Al momento de ingresar, su hija tenía dos años y era el principal motivo por lograr un trabajo.
Por ello, había planeado durar un año y luego buscar otra oportunidad. Hoy, su opinión es distinta, pues asegura que le ha tomado amor al trabajo de policía y no ha pensado en dejarlo.
Virginia
Su hija está orgullosa
Recuerda que la primera vez que su hija la vio con el uniforme le dio mucho gusto.
“Mi hija se siente orgullosa de que yo trabaje como policía, les cuenta a sus amiguitos que su mamá anda por las calles agarrando a la gente mala”, dice con una sonrisa muy marcada en su rostro.
Virginia recuerda que su ingreso no fue fácil, pues tuvo que poner en orden todos sus documentos y luego, cumplir con el curso básico con una duración de dos meses.
“Lejos de desanimarme, fue un reto, tenía que cumplirlo para poder demostrarme que podía, siempre mi motivación fue mi hija”, cuenta.
En la actualidad prácticamente cubierto todos los servicios, como rondín a pie, servicios fijos y patrullajes en la jurisdicción de Oaxaca de Juárez.
Baja de estatura, pero con mucha vocación de servicio, Virginia dice que al igual que sus compañeros da lo mejor de sí durante su servicio de 24 horas.
“Cuando prestamos un servicio lo hacemos sin conocer a la persona ofendida, sin saber al riesgo que nos enfrentamos, pero lo hacemos con gusto, porque nos gusta nuestro trabajo, por eso estamos aquí”, precisa.
Y es que al prestar un auxilio, Virginia trata de ponerse en los zapatos de los ofendidos, aquellos que han sido víctima de alguna persona algún delito.
“Lo hago como si se tratara de alguno de mis familiares, ya que pienso que si algún día ellos requieren apoyo de mis compañeros, también sean atendidos y escuchados”, indica.
Recuerda cuando encontró a un niño
Entre los servicios que recuerda, está la localización de un niño de 11 años, quien salió de su domicilio para ir a la escuela pero ya no regresó.
Sus padres reportaron la desaparición y comenzaron a buscarlo.
Casi a la medianoche, Virginia y sus compañeros lo hallaron en una de las bancas del zócalo por lo cual lo aseguraron y más tarde lo presentaron ante sus padres.
“La madre lloró desconsoladamente y nos agradeció haber encontrado a su hijo. En realidad, ahí nos enteramos que el niño recibía malos tratos y por eso él mismo había decidido irse de la casa, pero los dos aprendieron una buena lección, él supo que en realidad sí les importaba, por eso lo buscaban y ellos cambiaron en su forma de trato”.
Hoy, como desde hace cinco años, Virginia trabajará su jornada de 24 horas. Sabe que no podrá asistir al festival de su hija, pero espera el día siguiente para regresar a su casa y volver a darle un beso.
Con ese beso, también da gracias a Dios por haber terminado su trabajo “sin novedad”.
Berenice hereda el amor de servir
Berenice siempre tuvo la ilusión de ser policía, porque desde que tiene uso de razón sabe que su padre trabaja como policía.
Y aún con el alto riesgo que representa ese trabajo, hace nueve años decidió enrolarse en las filas de la Policía Municipal de Oaxaca de Juárez, donde también labora su padre.
Madre de dos hijos, que actualmente tienen 9 y 4 años de edad, menciona que las mujeres policías cumplen prácticamente una doble jornada, pues al llegar a su casa, tiene que ver por sus hijos.
“Aunque no lo crean, las mujeres que somos madres prácticamente no descansamos, pues al concluir nuestra jornada de trabajo, llegamos a nuestro hogar y empezamos nuestro rol de madre. Cuando yo llego a la casa, tengo que preparar el desayuno, llevarles la torta al recreo e ir por ellos a la salida de la escuela”, señala.
Y aunque es pesado, Berenice señala que está dispuesta a hacer ese sacrificio por estar cerca y disfrutar a su hijos.
Berenice
“Luego preparo la comida, en la tarde juego un rato con ellos, lavo, plancho, preparo la ropa del día siguiente y ya se fue el día, realmente descanso hasta las 9 o 10 de la noche”.
Menciona que por el contrario, sus compañeros hombres llegan a su casa y si así lo desean, desde ese momento empiezan a descansar, porque su esposa es la que se encarga de todos los quehaceres.
Por eso, pide a sus compañeras que al iniciar su jornada de labores deben olvidarse de los problemas de casa y dar lo mejor de ellas durante su trabajo.
“Estamos aquí porque nos gusta nuestro trabajo como policías, somos parte de una gran familia ya que aquí pasamos la mitad de nuestra vida”, recalca.
Así, mientras la mayoría de las madres cuida de sus hijos en casa, ellas velan por la seguridad de la ciudadanía, cuidando y protegiendo a hombres y mujeres que no conocen, pero que están dispuestas a brindar el amor de una madre todo, en casos trágicos.



