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“Juchitán, no es el paraíso trans”

Foto(s): Cortesía
Citlalli López Velázquez

“Soy muxe mujer”. La voz está matizada con un timbre agudo que busca lo femenino entre los labos pintados de rojo intenso. Hace menos de un año logró su cambio de identidad sexogenérica con el propósito de titularse como Naomy Méndez Romero, y ser la primera muxe gunaa ingeniera industrial.


El mérito -explica- es que, en Juchitán, los muxes, ya sea guná o nguiú son bien vistos en tanto desempeñen labores domésticas y no se atrevan a cruzar la línea hacia la profesionalización académica. Pasar la raya es toparse con discriminación y hostigamiento. “Juchitán no es el paraíso trans”.


Entre la comunidad muxe existen dos categorías principales: las muxes gunaa y los muxes nguiiu (in-gui-ú). El primer grupo se identifica como femenino y el segundo como masculino. Los dos son altamente discriminados, pero, como sucede en la heterosexualidad, las mujeres enfrentan mayores dificultades en todos los ámbitos.


-Podríamos decir que el 60 o 70 por ciento somos aceptadas más no toleradas. Hay una gran diferencia entre una y la otra.


Naomy es el reflejo de la elegancia. Cejas perfectamente delineadas y depiladas, peinado recogido que deja ver el cuello esbelto y alargado que adorna con torsales brillantes. Su delgada figura envuelta en enaguas y olán se desliza a paso de gran porte sobre las zapatillas. Se sienta, cruza la pierna y sobre la rodilla las blancas manos, la izquierda adornada por un enorme anillo de plata con pedrería morada.


- Siempre se ha pensado que Juchitán es un lugar privilegiado para la comunidad diversa. ¿NO es así?


- Fíjate que eso se piensa. En mi etapa de estudiante pasó algo que marcó mucho mi vida y que habla de esa diferencia entre aceptar y tolerar. Mis compañeros siempre me tuvieron respeto como persona, pero la misma población provoca la discriminación. Recuerdo que íbamos en la hacer un trabajo a la casa de alguien. En ese momento pasó un mototaxi y escuchamos el grito, no de un hombre heterosexual, sino del machismo de la gente: ¡pinches mayates! Etiquetan. Lo mismo ocurre cuando buscamos trabajo, nos juzgan por nuestro aspecto físico y no por nuestra capacidad.


En 2017 Naomy, presidenta de la organización Ladxido Muxe (corazón afeminado), fue una de las tres oaxaqueñas dentro de las 234 a nivel país que cambiaron su identidad sexogenérica.

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