SANTA CRUZ CORUNDA, Concepción Buenavista.- Son sólo 80 habitantes pero el agua comienza a ser insuficiente. La ración que reciben simplemente les permite bañarse una vez cada ocho días, beber únicamente un litro de agua diariamente y tener 20 litros adicionales como máximo en caso de ser muy necesario.
No hablamos de Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, la primera urbe del mundo en peligro de quedarse sin gota de agua, se trata de Corunda, una agencia municipal de Concepción Buenavista asentada en la agreste mixteca oaxaqueña.
Desde hace dos años, un candado resguarda el ojo de agua que abastece a la población. Nadie puede tomar el vital líquido sino es por autorización de la autoridad municipal y de manera racionada.
Fausta comienza a sentir los estragos. Los toneles para el almacenamiento están secos al igual que los bidones y cubetas. No tienen servicio desde hace cinco días. Por la gravedad de su situación les fue permitido acarrear 20 litros adicionales del ojo de agua ubicado a 45 minutos de distancia en burro; en promedio cinco litros por cada habitante en el hogar.
Sed interminable
“Vivir así es difícil. No tenemos agua para el baño, no tenemos agua para la comida, no tenemos agua para tomar”, explica.
Para beber, está obligada a destinar 130 pesos para comprar una “reja” de agua embotellada que traslada una empresa refresquera. Racionada les alcanza de a un litro o litro y medio máximo por día.
Lo castigado del consumo dañó su riñón. “El doctor dice que debo de tomar mínimo tres litros diarios, pero ¿de dónde?”, cuestiona y explota en risas porque entre la desdicha, el sentido del humor es su única herramienta para seguir adelante.
Aunque cuatro personas habitan en casa, la familia es considerada numerosa y son quienes más padecen la sequía. El servicio de agua potable es otorgado por una hora cada ocho días, tiempo que les permite almacenar entre 200 y 300 litros, todo depende del aforo que permita el ojo de agua.
María es otra habitante que da testimonio de la crisis del vital líquido. Ella regresó a la localidad hace tres años, después de 35 de vivir en la Ciudad de México. Se prepara para tomar un baño, “un lujo en estos tiempos”. Son unos ocho litros de los 15 que aún le quedan para sobrellevarla, ella y su esposo, al menos otros tres días.
“Ahorita tenemos un poco de agua, pero el año pasado no tuvimos nada. Íbamos a lavar a la barranca. Los últimos meses que estuvo lloviendo se juntó tantita agua, pero sufrimos mucho. A veces viene una hora de agua, pero lo que podemos juntar es poco”, indica.
Agua "filtrada"
El dinero con el que cuentan no les alcanza para comparar agua embotellada. Sin tener la certeza de que el agua que reciben a través de la llave es apta para beber, coloca un trapo grueso para filtrarla.
“Las primeras veces sí me hacía daño porque esta agua al tomarla se siente como gruesa, pero ahora ya me acostumbré, si es para uso humano o no, pues no sabemos, pero no tenemos otra fuente para beber”.
Sobre el territorio yermo el viento levanta polvaderas que deja a los habitantes blanquizcos de pies a cabeza. El sol y la imagen de un pueblo desolado, de fachadas resquebrajadas, calles vacías y vacas flacas que campean en el desierto, seca la garganta, exige agua y evoca la desesperación por la ausencia.
Hacia el día cero
Santa Cruz Corunda es agencia de policía de Concepción Buenavista, municipio que, de acuerdo a estudios realizados por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), es una de las localidades con un crítico problema de escasez y acceso al agua.
“Los pozos que abastecen a la comunidad son superficiales, la poca agua que se extrae está contaminada y, cuando deja de llover se secan, por lo que los habitantes reciben el líquido de un manantial lejano; esa dotación es resguardada en una cisterna, de la que sólo les permiten extraer 20 litros por familia al día, que usan para beber y cocinar sin saber si es potable o no”, explica el informe de la UNAM.
Por su ubicación, Corunda asentada a más de 18 kilómetros de la cabecera y en la zona más alta, es la que tiene el problema más severo, señala el regidor de Obras Guillermo Antonio Espinosa.
La escases de agua y la ausencia de empleos, en cuatro décadas orilló al éxodo a tres cuartas partes de la población. Es un pueblo fantasma.
“Los estudiantes de la UNAM han venido dos o tres veces en busca de una solución a nuestro problema. Los hemos llevado a donde creemos que pudiera haber agua, pero hasta el momento no tenemos respuesta”.
La batalla también ha sido a través de las instancias de gobierno mediante las solicitudes de recursos en las priorizaciones de obras para ubicar y dotarse del vital líquido. Tampoco han tenido eco.
Por cuenta propia construyeron ollas de captación, pero en la mixteca, en donde hay ausencia de lluvia la mayor parte del año, todo parece ser insuficiente.
Aún así, las cifras contenidas en el Informe anual sobre la situación de pobreza y rezago social 2016 de la Secretaría de Desarrollo Social (Sedesol), muestra una situación distinta en donde sólo el 16.8 por ciento de las personas no tiene acceso al agua.
