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1 de mayo, un día de trabajo en la Central de Abasto de Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

El anhelo de que su hija de 18 años logre concluir una carrera profesional hace que Nallely se levante todos los días a las 5:00 horas para llegar a trabajar a la Central de Abasto.


Aunque, por la conmemoración del Día del Trabajo ayer fue día inhábil, ella no evadió su jornada de 12 horas. Si no se presentaba a la fonda, donde labora desde hace un año, nadie le abonaría los 300 pesos que recibe a cambio.


La mitad del día de Nallely trabajando en la fonda se mantiene de pie, se mueve de un lado a otro trayendo platos con guisados para servirlos a las mesas de la clientela; atrae a comensales enumerando los 12 platillos que ofrece como desayuno o comida, según la hora.


No dejan de trabajar


En la Central de Abasto la actividad no se detuvo, quizá disminuyó la afluencia de compradores, pero no de comerciantes ni agrupaciones musicales que, desde la informalidad, buscan evadir la precariedad económica.


Con una guitarra, Adrián intenta solventar gastos y avanzar en la licenciatura de Derecho y Ciencias Sociales en la UABJO. Le ayudan Dionisio y Glen, con quienes conformó un trío que interpreta melodías a cambio de lo que la gente quiera cooperar.


“Hay pocas oportunidades, no importa si tienes una profesión, el campo es muy competitivo y las oportunidades son escasas”, relató mientras los tres realizaban una pausa en una mesa vacía de los alrededores de la zona de los comedores.


Ese breve descanso es la única aspiración de quienes viven al día y cobran únicamente si trabajan, no 8 sino hasta 12 horas, como Carmela Santos, quien empezó a trabajar a los 15 años vendiendo bolsas de plástico y desde hace siete se emplea en un puesto de comida a cambio de 180 o 200 pesos al día.


Como vive sola, ese dinero es suficiente, además recibe el almuerzo y la comida, admite la mujer para quien escapa de su plan de vida.descansar en día feriado.


Prohibido enfermar



Juan prefirió trabajar ayer. Por ser día feriado se lo pagan doble. FOTO: Emilio Morales

Juan, empleado de un molino tiene una posición laboral ligeramente menos desventajosa que Carmen.


Ayer trabajó debido a que le pagaron el día al doble, sin embargo, carece de seguridad social, a pesar de que lleva un año y medio con su empleador y ello le permite ausentarse unos días si se enferma, dependiendo del padecimiento.


Enfermarse es una oportunidad que Lorena no tiene ni puede permitir a sus tres hijas. Tres veces a la semana se levanta a las 6:00 de la mañana para elaborar a mano 80 tortillas y llevarlas a expender en los pasillos de la Central de Abasto, a peso cada una.


Casi a la misma hora se levanta María Luisa y llega a expender mariscos y pescados a la Central de Abasto a un puesto del que es propietaria desde hace 30 años y el cual no cierra un solo día.


“No hay venta, tengo poco producto, pero de todas formas hay que salir a vender”, relata sin queja, acostumbrada al peso del gasto familiar y el sueldo de tres trabajadores a quienes les paga 300 o 250 pesos diarios.


Sueños o carencias, deudas o aspiraciones, la mayoría de quienes comercian algún producto en la Central de Abasto lo hacen desde una informalidad que no alcanza para las prestaciones sociales, menos para descansar en días feriados.

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