Hace aproximadamente 228 años a Oaxaca le fue entregado el reloj que hoy corona la Catedral, sin embargo apuntes históricos señalan que dos reyes de España pudieron haber obsequiado la joya que ha sido testigo de los años que han transcurrido en la historia de la Verde Antequera.
La historia refiere que el reloj de la catedral, colocado en la parte sur de la construcción; en un contrafuerte, a tan sólo centímetros del campanario, pudo haber sido donado por los reyes de España, Felipe V ó Fernando VI.
En una edición publicada por la Casa de la Cultura Oaxaqueña, elaborada por Efrén Díaz Cervantes, da cuenta que el reloj pudo haber sido colocado en 1735, fecha plasmada en las “Efemérides Oaxaqueñas,” escritas por Ángel Taracena.
Sin embargo, en una obra titulada “Oaxaca en el Centenario de la Independencia” y escrita por Andrés Portillo, la fecha de colocación del reloj se señala en el año de 1572.
En el supuesto de que el reloj hubiera sido colocado en el año 1735, y que ha contado en minutos la evolución de la ciudad, el obsequio se adjudica al Rey Felipe V de España que gobernó los años que van de 1724 a 1746.
Pero de ser cierta la versión escrita por Andrés Portillo, el medidor del tiempo, fue colocado en la catedral por órdenes del Rey Fernando VI de España, que reinó de 1746 a 1759.
Aún cuando las dos versiones están respaldadas por sus autores, lo cierto es que el reloj ha permanecido en el mismo lugar durante alrededor de 228 años.
“La cuerda funciona a base de contrapesos que bajan desde una altura aproximada de 20 metros y la maquinaria está colocada en una pequeña pieza construida ex profeso en el espesor del muro”, revela el texto.
Además añade que “las horas y los cuartos se dan por medio de dos campanas de regulares dimensiones, que suenan al golpe de unos mazos movidos por un ingenioso mecanismo”.
Sobre las campanas existe una peculiar leyenda que a la letra dice:
“Cuentan que hace muchos años, existía colocada en la torre de la iglesia de una Ciudad de España, una de las campanas de nuestro reloj de Catedral… y sucedió que una noche, sin que hubiera motivo para ello y sin que nadie la tocase, nuestra campana tocó arrebato, agitada por manos invisibles… Alarmados y más que todo atemorizados, los vecinos se dieron hacer averiguaciones, sacando en conclusión que el Diablo la había tocado, por lo que el caso fue a parar al Tribunal del Santo Oficio, quien la sentenció a que le arrancasen el badajo para que nunca más volviera a sonar con él, convocando a los oficios diversos y que además fuera desterrada de España… y así fue como vino a parar a la Ciudad de Oaxaca donde cumpliendo su sentencia, únicamente se le utiliza para dar las horas o los cuartos; tocada con un mazo, como hasta hoy la oímos”.
