El administrador apostólico de la Arquidiócesis de Antequera-Oaxaca, José Luis Chávez Botello manifestó ayer su preocupación el daño ocasionado a la niñez por la violencia, pero también por el riesgo de un incremento “en este tiempo de campañas electorales” y así se “se dividan comunidades, se alimenten intereses, ambiciones y se abran más heridas”.
“Preocupa el ambiente cada vez más hostil que respiramos, preocupa el grave daño que está causando la violencia, el deterioro social y la adición creciente a las drogas, sobre todo a los niños”, señaló.
En rueda de prensa, ofrecida después de oficiar la misa dominical de la Catedral de la Asunción, el religioso sostuvo que en la Pascua, la última palabra es la de Dios, es decir, “la victoria de la verdad, del amor y de la vida plena, no la del diablo por ser mentira, desamor y muerte”.
Vencer el mal
“Recorramos el camino de la Pascua para fortalecer la fe, el amor y la vida; experimentemos que si es posible quitar miedos, tener paz desde el corazón y amar hasta vencer el mal con el bien y el odio con amor”, asentó.
Expuso que el amor “nos mueve a salir de nosotros mismos, a pensar más en otras personas que apreciamos y nos aprecian, hace que las personas saquen lo mejor que tienen y lo pongan al servicio de los demás”.
“El que ama va aprendiendo a vivir para los demás, no para sí mismo. Lo experimentamos en la amistad, con las personas que apreciamos; de allí surgen los compromisos estables, vidas serenas y constructivas”, apuntó.
Familia, la mejor escuela
Subrayó que la familia es la primera y mejor escuela donde los niños se abren a la vida y al amor, pues transmite la alegría de amar y ser amado, pone el cimiento del amor a Dios y a los demás, cultivando valores y virtudes en la vida cotidiana.
“Los niños y jóvenes que respiran amor a su alrededor, aprenden a apreciarse, a tener confianza en sí mismo. Si crecen en ambiente donde se comparte, aprender a ser generosos, si respiran perdón, aprenden a levantarse”, anotó.
Además, destacó que los niños son portadores de una gran fuerza moral, motor de esperanza y entrega para los padres de familia, de renovación y humanización para la iglesia y la sociedad.
“Con los niños que oran por su familia, por su iglesia y por la sociedad, podremos avanzar en el aprecio a la vida y a la paz, y aprenderemos a crecer en el amor”, indicó.
Chávez Botello dijo que el amor auténtico da rumbo y sentido a la atracción del sexo opuesto, a la sexualidad, a los sentimientos a toda actividad humana.
“Si nos queremos un poco, tenemos que esforzarnos en aprender a amar y enseñar a amar desde los primeros años en familia”, terminó.
