Don Rafa es quizá el último aparadorista que existe en la ciudad de Oaxaca, a sus 86 años este oficio le ha permitido llevar el sustento a su hogar, considera que si la vida se lo permite continuará ejerciendo este oficio por cinco años más.
Originario de Alpatláhuac, Veracruz, Rafael Castro Hernández aprendió el oficio de aparadorista de su padre, con quien viajó durante varios años a diferentes ciudades del sur y centro del país para acomodar los aparadores.
El oficio hoy en día está por extinguirse, se ha traspasado a los trabajadores de las empresas, dejando de lado a aquellas personas especializadas en darle presentación a los aparadores.
Aparadorista
Don Rafa, diariamente toma el transporte urbano desde su vivienda ubicada en la agencia Ejido Guadalupe Victoria, con la edad sus fuerzas ya no son las mismas, pero la premura por llegar a su trabajo lo obliga todos los días a levantarse temprano.
Cada mes, acude a una tienda de venta de ropa exclusiva para caballeros, es el encargado de darle presentación a las camisas, pantalones, chamarras, zapatos y corbatas que se exhiben.
Los años de aprendizaje los refleja en cada aparador, al llegar a cada comercio donde aún conserva su trabajo, se toma su tiempo, se acomoda una almohadilla de alfileres y herramientas alrededor de su cintura y comienza a trabajar.
Coloca clavos, tapiza el suelo, le da forma a las prendas de vestir, les coloca alfileres, se sube a la escalera, martilla, viste maniquíes, entre otras actividades, el resultado es un aparador estético y visiblemente ordenado.
Sin oportunidades
Don Rafa es originario de Veracruz, de niño no fue a la escuela, pues en aquél entonces era una obligación de los menores acudir al campo a trabajar, posteriormente a los 15 años empezó a aprender el oficio de aparadorista de su padre.
Conoció a una oaxaqueña y se casó, después de tantos viajes decidió establecerse en Oaxaca junto con su familia, actualmente conserva al menos cinco trabajos.
Trabajo en extinción
Don Rafa asegura que el trabajo de aparadorista está en proceso de extinción, indica que anteriormente vestía 800 maniquis al mes, actualmente solo 14.
Narra que debido a la falta de estudios, además de su edad, no tiene oportunidad de conseguir otro tipo de trabajo, debido a esto, se aferra a su oficio y confieza que continuará trabajando hasta por cinco años más, es decir, se piensa retirar cuando cumpla los 91 años.
Don Rafa no deja de mostrarse preocupado, pues el oficio está en extinción, el trabajo ahora es relegado a una persona que contratan de planta, especialmente a aquellos jóvenes a quienes emplean como vendedores de mostrador.
Lo único que le quita el sueño es llevar el sustento a su hogar, ahí donde lo espera su esposa y compañera de vida, pues asegura que no depende de nadie más, más que del oficio que ahora nadie valora.
