La negrada es la primera película mexicana de ficción sobre las poblaciones de origen africano de la costa oaxaqueña, donde el “queridato” -relaciones en las que ambos cometen adulterio- es aceptado socialmente, señaló durante una entrevista el oaxaqueño Jorge Pérez Solano, director del largometraje.
El también director de ‘LaTirisa’ explicó que ésta “es la primer película hecha con actores negros de la costa de Oaxaca, estamos iniciando su etapa de proyecciones y por ahora ya se estrenó de manera mundial en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara.”
Pérez Solano definió su largometraje como un drama costumbrista: “me gusta sentarme y ver a las poblaciones, cómo viven sus vidas, los problemas en los que están inmersos, y varias veces me dicen son melodramas.
“Las historias que planteo, por ejemplo en La Tirisia: hay un momento en que el padre abusa de la hija, y cada que me dicen es un melodrama, yo les digo: ¿qué pasaría que tú encontrarás a tu hija siendo abusada por el padrastro? se convierte en una historia de terror. Lo mismo pasa en esta cotidianidad en donde estamos inmersos en situaciones muy duras y sin embargo por el hecho de no practicarlas o porque no se ven monstruosas a simple veces, creemos que es lo cotidiano.”
Para César Gutiérrez, fotógrafo galardonado con el premio a mejor fotografía por La Negrada, “la aproximación estética a la película quería verse como si fuera un documental, queríamos hacer un retrato sobre la zona, sobre la gente, y mi aproximación fue muy naturalista, pero no me quería quedar en el mero registro documental y en el retrato,” destacó.
“Quería además crear una atmósfera, sensaciones, una fotografía más expresiva, por momentos obscura, atmosférica que no solamente se quedara en este registro documental. Quería ser fiel a los espacios y a la gente, al color de la piel, a los tonos del lugar, a la luz que existe en estos pueblos, pero quería ir un poco más allá y ser un poco más expresivo,” recalcó.
Finalmente Pérez Solano considera que en todo el país existe esta relación de poligamia: “en algunos lados más grande que en otras, pero aquí en la Costa la particularidad es que es socialmente aceptada. Entonces un hombre puede tener su esposa y dos, tres casas más y la comunidad lo acepta sin ningún problema. Al final todas las historias que cuento son sobre la equidad de género; yo digo si un hombre lo puede hacer, ¿por qué no una mujer no?”, concluye.
