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Cerro del Chivo, Oaxaca: pobres y abandonados

Foto(s): Cortesía
Octavio Vélez Ascencio

CERRO DEL CHIVO, Santa María Huazolotitlán, Oaxaca.- A pesar de la pobreza y marginación, ningún funcionario gubernamental ha llegado a esta comunidad a conocer las afectaciones originadas por el reciente terremoto, ni mucho menos a ofrecer alguna ayuda para la reconstrucción de las viviendas.


Si de por sí, los alrededor de 200 habitantes, indígenas mixtecos y negros, se alojaban en precarias casas hechas de adobe o bajareque, ahora quedaron en el desabrigo a causa de los daños totales y parciales que sufrieron por el fenómeno geológico.


Ahora, se refugian a dormir o estar debajo de algún árbol o una lona amarrada entre los árboles del patio, ante el temor de que se venga abajo lo que quedó en pie, debido a las constantes réplicas.


“Qué van a venir, nadie ha venido a ayudarnos”, dijo doña Margarita Gómez Gallegos, una indígena mixteca, de 64 años de edad, ante el abandono gubernamental.


La mujer vivió 30 años en su casa elaborada de adobe, cubierta con tejas, hasta que el terremoto se la dejó maltrecha y a punto de caer.


“Aquí estuve casi toda mi vida, con mi difunto esposo, quien falleció hace nueve años. Así estuvimos, hasta ahora que tata Dios quiso que se echara a perder. Él hizo el adobe, consiguió los palos y después puso las tejas; no nos costó mucho, como 120 pesos de las tejas de aquellos años”, señaló.


Por su situación económica, como otros tantos pobladores, difícilmente podrá reponer la vivienda, sin la ayuda o el auxilio gubernamental.


“Qué dinero voy a tener, ya estoy vieja, ya no trabajo como antes, pues”, asentó.



La señora Rosario Hernández Marcial se refugia ahora debajo de unos plásticos

Suplican ayuda


Con las severas afectaciones que provocó el terremoto en su vivienda, doña Rosario Hernández Marcial no tuvo de otra que amarrar unos plásticos y unas cobijas entre las ramas de un árbol, el techo de una cocina y unos palos enterrados en la tierra, para hacer su nueva morada.


“Se rajó toda la casa con el temblor, todas las tejas se cayeron; por eso, ahora dormimos en el patio, se pasa frío, hay muchos zancudos, pero no tenemos otra, no hay de otra”, aseveró.


Frente a su tragedia, espera que los gobiernos federal y estatal acudan a la comunidad y se cercioren de sus condiciones de vida.


“Que alguien nos ayude a arreglar la casa, no tenemos dinero, mi esposo trabaja como peón en el campo y apenas alcanza para la comida. Pedimos ayuda, que vean cómo dormimos, cómo vivimos”, suplicó.


Las cifras de la pobreza


Cerro del Chivo tiene una población de 169 habitantes. De ellos, 82 son hombres y 87 mujeres. El 20.71 por ciento de la población es analfabeta (el 17.07 por ciento de hombres y el 24.14 por ciento de mujeres). El grado de escolaridad es del 4.89 (5.10 en hombres y 4.67 en mujeres).


El 42.01 por ciento de la población mayor de 12 años está ocupada laboralmente (el 65.85 por ciento de hombres y el 19.54 por ciento de las mujeres).


En la comunidad existen 54 viviendas. De ellas, el 97.67 por ciento cuenta con electricidad, ninguna cuenta agua entubada, el 62.79 por ciento tiene sanitario, el 53.49 por ciento un radio, el 86.05 por ciento una televisión, el 55.81 por ciento un refrigerador, el 18.60 por ciento una lavadora, el 6.98 por ciento un automóvil, ninguna una computadora personal, el 23.26 por ciento un teléfono fijo, el 6.98 por ciento un teléfono celular y ninguna con internet.



La mayoría de las viviendas de la comunidad sufrió afectaciones

Aunque la solidaridad gubernamental no representa una expectativa, porque de por sí nunca han recibido alguna ayuda.


“Hasta ahora, nadie ha venido a ver qué pasó o si necesitamos ayuda; sufrimos mucho, no hay apoyo. Cuando uno pide un pedazo de lámina, nos dicen ‘vamos a ver si podemos o no’ y hasta ahí. Aunque se les pida, no hay nada”, recalcó.


Ante esta situación, seguirá durmiendo a la intemperie, debajo de una cobija, que amarró a un árbol con la ayuda de sus hijos, debido a la carencia de vivienda y por el temor de un nuevo sismo.


“Pues seguiré durmiendo afuera, me da miedo estar allá adentro; como soy pobre y no hay apoyo, no tengo otro lugar”, apuntó.


Dos temblores tiraron su casa


No cabe duda que a doña Virginia Gómez, también indígena mixteca, la persigue la mala suerte, pues un terremoto echó abajo otra vez su casa, que había terminado hace menos de dos años.


La vivienda de adobe donde residía, junto con su esposo Artemio, suplía a la que derrumbó el sismo de 7.4 grados del 20 de marzo de 2012, que tuvo su epicentro en la Costa de Oaxaca, cerca nuevamente de Pinotepa Nacional.


“Esta casita la habíamos hecho para reponer la que se cayó en el 2012, pero se nos dañó de nuevo con este temblor”, contó.


Aunque la nueva vivienda fue construida con los materiales servibles que quedaron de la otra y con sus propios recursos económicos, porque no recibió alguna subvención gubernamental.


“Los adobes que servían se utilizaron; lo demás se completó con el barro que hicimos. Nos salió más chica, por lo mismo que ya no alcanzó el dinero”, apuntó.


Como la mayoría de los demás pobladores, duerme debajo de lonas y en el patio de la vivienda, ante el temor de un nuevo sismo.


“Pues no hay otro lugar, da miedo que vuelva a temblar”, indicó.


Pero la construcción de una nueva casa requerirá nuevamente de años, debido a que seguramente la ayuda gubernamental no aparecerá otra vez como en el 2012.


“No hay dinero en la familia, mi esposo trabaja como peón; tenemos que hacer la lucha para hacer otra casa, pues parece que va a pasar lo mismo. Ojalá, ahora sí, nos puedan ayudar con algo”, refirió.

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