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Jornaleros agrícolas, vávula de escape para la pobreza de Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Redacción

Lucía tiene 30 años y está embarazada, vive en Paso Ancho, una agencia del municipio de San Bartolomé Loxicha, en la Costa de Oaxaca. Desde que tenía 20 años debió salir a buscar empleo fuera del estado, pues en su pueblo una mujer carece de forma para subsistir.


Conoció a su pareja en Sinaloa, estado que los acoge cada año desde hace 10, “cosechamos tomates, y recibimos en seis meses lo que nunca ganaríamos en el pueblo”.


De acuerdo a la Red Nacional de Jornaleros y Jornaleras Agrícolas (RNJJA), en México hay tres millones de migrantes jornaleros agrícolas, siendo Oaxaca uno de los que más exporta.


“Huyen de la pobreza imperante y porque la política social dirigida a estos ‘pobres’ es compensatoria y no tiene como objetivo sacarlos de la pobreza. ¿De dónde se van? De los estados más pobres del país, principalmente Guerrero, Oaxaca y después de 1994, también de Chiapas”, destaca el organismo.


A Lucía y a su esposo los contratan por seis meses, “si aguantamos nos hacen otro contrato, pero nosotros sólo vamos por uno”. Van por ellos hasta la Costa, “siempre se llena un autobús”.


Le pagan por cada canasta de tomate que llena, “como ya tengo práctica, ganó hasta 600 pesos al día y ahorro de 20 a 30 mil pesos por los seis meses”.


Circunstancias adversas


Pero para algunos la experiencia es completamente diferente, “el reclutamiento en los lugares de origen de las personas migrantes jornaleras agrícolas se presentan diversas irregularidades, algunos de los trabajadores enfrentan condiciones de vida, salud y trabajo precarias tales como nulo acceso a la salud, incumplimiento de pago de salarios, alimentación deficiente, hacinamiento y condiciones insalubres en general”, señala RNJJA.


Por otra parte, 200 personas originarias del municipio de Mazatlán Villa de Flores del estado de Oaxaca desaparecieron en su camino a Sinaloa en el 2004.


A Lucía le dan hospedaje y alimentación, “vivimos en una especie de vecindad, todos amontonados, pero así vivimos en el pueblo, estamos acostumbrados”.


Afirma que a ella ya la conocen los jefes, por eso no tiene problemas, “pero a los nuevos si les va mal”. No se tiene asegurado el acceso al derecho a la salud; en la mayoría de los casos no cuentan con seguridad social, destaca el estudio de RNJJA.

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