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Tlatayapam, Oaxaca: pobreza en fuga

Foto(s): Cortesía
Citlalli López Velázquez

SANTO DOMINGO TLATAYAPAM.-El llanto de Dulce se escapa furioso del salón de clases, se esparce, se cuela por las ventanas de las casas abandonadas, recorre las calles potenciado por el silencio del municipio que, consumido poco a poco por la migración, se colocó como uno de los tres con menor cantidad de población en pobreza en Oaxaca. Sólo tiene 115 habitantes.


Dulce de seis años se aprisiona a las piernas de su madre. No quiere quedarse en la escuela, donde ella, Aldo, Daniela y Sayuri, son los únicos estudiantes de primaria.


- Se acostumbró a las vacaciones y ya no quiere regresar - explica Montserrat, quien desde hace tres meses se desempeña como maestra interina en la escuela primaria Benito Juárez.


- ¿Ellos son todos los niños en la población?


- No, sólo ellos tres, Sayuri es de Tlachitongo, el municipio vecino a quien le pedimos que nos prestara estudiantes para que la escuela no desapareciera. El ciclo lo arrancamos con seis niños, sólo quedan cuatro, dos emigraron con su familia a Tijuana.


Además de la migración que arrebató a unos 600 habitantes a lo largo de siete décadas, la natalidad comparada con la mortalidad fue de 1 a 4 el año pasado, es decir un nacimiento por cada cuatro defunciones. El nacimiento del 2017 fue el único registrado en los últimos seis años, afirma Yolanda de 32 años de edad, madre de Dulce y presidenta del comité de padres de familia.


“Cuando yo vine a la primaria éramos 20 niños. El pueblo era más grande. Ahora queda poco. La gente se empezó a ir por falta de recursos. Vivimos en pobreza. Es muy rara la gente que vive del comercio y sale a vender a Tilantongo. La actividad principal es el campo, lo que se cosecha es maíz y frijol, pero sólo cuando nos va bien, porque si no es la falta de agua son las heladas”, explica todavía con el llanto de Dulce retumbando entre los aguacatales que nacen salpicados entre la aridez de Tlatayapam.



La crianza de borregos y la siembra en el campo son las actividades económicas de la localidad

Sin pobreza ni habitantes


Aun así, la localidad figura dentro de los 15 municipios o delegaciones que en 2015, según el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), contaban con la menor población en situación de pobreza.


La lista la comparte con Oquitoa, Sonora (18 habitantes); San Felipe de Jesús, Sonora (18); Atil, Sonora (25); Huépac, Sonora (26); Onavas, Sonora (28); San Javier, Sonora (34); Melchor Ocampo, Nuevo León (35); Abasolo, Coahuila de Zaragoza (40).


Así como Santa Magdalena Jicotlán, Oaxaca (80); Granados, Sonora (96); Huásabas, Sonora (108), Santiago Tepetlapa, Oaxaca (113); Bacanora, Sonora (117), Parás, Nuevo León (133).


El informe anual sobre la situación de pobreza y rezago social 2017 de la Secretaría de Desarrollo Social establece que en Tlatayapam el grado de rezago social se encuentra en nivel medio. Según las cifras, el 28.20 por ciento enfrenta rezago educativo, el 18.2 tiene carencia por acceso a los servicios de salud, el 3.80 carencia por material de pisos en la vivienda, el 1.50 por ciento carencias por material de muros en la vivienda.


Sólo el 2.3 por ciento tiene carencia por acceso al agua entubada en su vivienda, 25 por ciento por drenaje y 1.50 por ciento por servicio de electricidad.


Además de que el porcentaje de carencia por hacinamiento en vivienda es del cero por ciento al igual que la carencia por material de techos en la vivienda.


Para los habitantes de la localidad, las cifras son un espejismo. La pobreza, así como la marginación en la que viven -aseguran - existe y encaminan a Tlatayapam al recuerdo de un poblado vencido por la migración.


Sólo el recuerdo


La entrada a la población está enmarcada por un camino pavimentado de medio kilómetro cubierto por la sombra de los árboles. Ya en el municipio, adobes de un color rosado se levantan en casas de una sola pieza en medio de amplios solares. Otras viviendas, logradas por migrantes que regresan de vez en cuando, destacan por su gran tamaño.


Algunos tendederos con ropa dan señales de vida en la localidad. El silencio es tan profundo que es posible oír la hojarasca arrastrarse al compás de viento.


Al centro de la población, como lo es en casi todos los municipios de Oaxaca se encuentra la presidencia municipal en dónde despacha el presidente municipal y los tres síndicos. Sólo atienden una hora por la mañana y una hora por la tarde. No hay policía. No es necesario.


José Efrén López Santiago, es suplente del síndico. Él emigró cuando tenía 14 años y regresó al cumplir los 62.


“Yo recuerdo en 1950 cuando tenía ocho años. Esto eran salones. Lo que sobraban eran niños. No le miento, habían seiscientos o setecientos habitantes y en cincuenta años se está acabando. Es algo que no podemos ocultar. La gente fallece. Ya es un pueblo de gente grande, niños no hay muchos, los que hay emigran, algunos retornan otros no”, recuerda.


Pega el cambio climático


La emigración -explica- devino de la ausencia de fuentes de empleo, pero también de las consecuencias del cambio climático que poco a poco consumió el temporal para la cosecha de maíz y trigo.


“En época determinada llovía y llovía sabroso. Entonces creo que el cambio climático nos está fastidiando a todos”.


Con 92 años de edad, Luis Alavés Miguel es uno de los habitantes más longevos de la población. Su memoria lo remontó a los años 60 en un Tlatayapam completamente diferente al de la actualidad.


Para el hombre, el número de habitantes disminuyó de manera proporcional a la merma en la cosecha. “La tierra perdió sus nutrientes. Antes sembrábamos el maíz que le llamamos de cajete y se daban una mazorcar grandotas, pero ahora la tierra ya no aguanta. Las lluvias tampoco son regulares. Ahora si no hay huracán, no hay lluvia”.


En medio del patio don Luis tiene tendido al sol las mazorcas de la cosecha. Si mucho logró recoger una tonelada, tres veces menos que lo que se obtenía décadas atrás. Por unos minutos permanece con su mirada lejana, en el recuerdo de los cinco de siete hijos e hijas que abandonaron el campo por la ciudad.


- ¿Por qué nunca dejó Tlatayapam? - Luis regresa del recuerdo y responde con su voz enronquecida por la edad.


- ¡Eché muy honda raíz!.

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