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Indio Comanche, el carnicero del ring de Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Redacción

Una de las leyendas vivientes de la lucha libre oaxaqueña,es Luis Ramírez Sánchez, conocido por aficionados y luchadores de su época, como El Indio Comanche, un gladiador de garra al que le gustaba hacer sus luchas sangrientas, para de esa forma, dejar satisfecho al público que acudía a las arenas donde se presentaba.


Con una memoria pródiga, sincero, acompañado de su bastón y sobre todo con sus recuerdos, abrió las puertas de su corazón a Noticias, voz e imagen de Oaxaca, para dar a conocer su primer contacto con el mundo de la lucha libre, la forma en que destacó y su retiro de este viril deporte.


Sus ojos se asomaron al pasado, llegándole las imágenes de aquella primera vez en que junto con otros pequeños de su edad asistió a la Arena Oaxaca, en esa ocasión se presentó el luchador José Rojas de la O., “El Brujo número 13” esto, en el tiempo de éxito de El Santo, Blue Demon, Black Shadow, entre otras leyendas de la lucha libre”.


Sus pequeños ojos vieron con admiración cada una de las evoluciones de los luchadores, en especial de “El Brujo número 13”.


“Me gustó mucho la forma de luchar del señor, aquí no había nadie que enseñara este deporte, entonces me atreví a hablar de este tema con uno de los luchadores, precisamente con uno de “Los Buitres”, que era de Puebla, q.e.p.d., a quien le dije que quería ir a la Ciudad de México porque quería aprender los secretos de la lucha libre”, recordó.


Le aconsejó que hablara con el “Brujo Número 13”, al llegar se presentó con él  y le dijo que quería aprender a luchar, a la vez que le explicaba no tener familia. logrando convencer a quien desde entonces consideró como su padre.



Al lado de grandes como él, El Vagabundo, Matématico y el también oaxaqueño, Gran Nikolai.

A LA CONQUISTA DE SUS SUEÑOS.


Con los sueños empacados en una pequeña maleta, llegó a la calle Granada número 84 del popular Barrio de Tepito, en la Ciudad de México, donde su maestro le empezó a llevar al gimnasio, el cual estaba atrás del Mercado Mixcalco, en la calle de Doblado donde se encontraban los Baños Providencia.


Ahí empezó a realizar rodadas para adelante, hacia atrás, hacer una caída que es indispensable para la lucha libre que se le llama “tres cuartos”, “y así fui aprendiendo, después me dijo, hijo, los luchadores que vienen a verme, todos son mis hijos, los he adoptado, ellos son hermanos y tú eres un hermano más dentro de la familia”.


LA CARNICERÍA


Por lo que, siguió llevándolo al gimnasio, hasta que un día le dijo que para salir adelante en la vida tendría que aprender un oficio, “me nombró al gunos como la carpintería, tintorería, peluquería, albañilería, carnicería, y opté por esta última”.


Había un mercado por la colonia Morelos que lleva ese nombre, y ahí se encuentra el puesto número 24,  el dueño del mismo era El Niño Montaña, ahí lo llevó Rojas de la O., quien le dijó al propietario que le enseñara lo básico de la carnicería.


El Niño Montaña le llevó al rastro ubicado en la colonia Ferrería, donde aprendió a matar toros y a cargar la carne.


El maestro de la carnicería era un poco cruel, recuerda, ya que nunca le daba de cenar, porque la matada de toros empezaba a las siete de la noche, hasta el otro día a las 8 o 9 de la mañana, así trascurrió un año.


Uno de los maestros vio el trato que le daba el maestro d ela carnicería; “por eso me escondía dos taquitos atrás de una cubeta a la vez que me dijo que si ocho meses aprendía el oficio me sacaba de ahí.


Gracias a Dios le perdió el miedo  a los toros, “el que fue mi maestro me llegó a meter a un corral donde había mil reses, y entre todos esos ejemplares tenía que entrar solo, y nada de llorar, porque no podía hacerlo”.


A los 8 meses, ya sabía cortar las reses en medio canal, “me entregaron con mi papá y me mandaron al Mercado Morelos con El Niño Montaña, ahi trabajé la hechura de bisteses, sudadero, retazo, molida y sobre todo, llamar y atender a los clientes, como tratar a la persona".


Después, su papá le llevó a una primaria y nada más le dio dos meses de escuela, de ahí lo sacó y lo volvió a llevar al gimnasio, hasta que aprendió todos los secretos de la lucha libre.



Indio Comanche en acción.

EL INICIO


Hizo sus primeros pininos en la Arena Nezahualcoyotl cuando apenas se estaba colonizando ese asentamiento humanos, “mi papá habló con “El Santo”,Rodolfo Guzmán Huerta, q.e.p.d. para decirle que se empezaría hacer luchas dominicales en matinée, para que la gente empezara hacer una colecta para los servicios que quisiera tener la comunidad”.


Así fueron sus  primeros pasos en la lucha libre, siendo su primer rival “El Carnicerito”, luego “El Gato Chino”, el cual era muy tremendo, siempre trataba de lastimar, y ahí empezó a agarrar más experiencia.


Tras el combate su profe le coregía errores, al explicarle cómo contrarestar el llaveo del rival ty a dar golpes certeros, por lo que, cuando le tocaba con el Gato Chino, se daban tremendos agarrones, mismos que disfrutaba el respetable.


ARENA PANTITLÁN


De ahí partieron a San Juan Pantitlán, a la arena donde las luchas empezaban a las cinco de la tarde; en la primera con el Gato Chino, El Carnicerito, y con uno que le decían Japonesito. "A mí me tocó luchar con el Rayo Zulaica, fue un combate que al promotor le gustó mucho”.


De ahí en adelante vinieron muchas luchas más, me tocó contra “Cataclismo” que por cierto, hacía muchas pesas, por lo que estaba bien formado. Ahí nos conocimos, por lo que hicimos viajes a Oaxaca.


"Había un señor que se llamaba Leovigildo Cano, quien vivía por la calle 20 de noviembre, frente al hotel “Rosario” que era donde llegaban todos los luchadores, el cual habló con el responsable de los luchadores, para que llegaran a quedarse a su casa”.


Al regresar a la Ciudad de México, en otro gimnasio que estaba en la calle de Luis Moya cerca de la calle Arcos de Belem, “ahí, mi profe hizo dos rines, por lo que los jóvenes lo buscaban para que les enseñara a luchar.


EL ÉXODO


En 1964 regresó a la ciudad de Oaxaca, ya se hacían luchas en la Arena Oaxaca, donde conoció a un velador que lo apoyó con una colchoneta, “ahí empecé a dar clases a muchachos que se me acercaban”.


En una ocasión,al regresar del rastro, se le acercó un taxi en el cual iba el Monarca, “me pidió que le enseñara mi forma de lucha, me dijo que era fisicoculturista y que me sentaría algunos secretos de pesas”.


Así como él, llegaron muchos, entre los que estaban El Gran Rubén, Relámpago Gómez, Richard Reyes, Hugo Getz, El Simba, El Tiburón, entre otros. Sin embargo, todo eso se acabó, porque el que era velador lo cambiaron a otro lado y  cerraron la arena.


LA CURTIDURÍA


Tiempo d espues conoció a un señor que tenía una curtiduría en San Matías Jalatlaco, “me conocía porque iba a las luchas, entonces, una vez pase por ahí, platicamos y me dijo que era maestro de box y le expuse que tenía un grupito de muchachos y que no teníamos donde entrenar”.


Le pidió que lo esperara, media hora después salió para decirle que se presentara al otro día con sus muchachos queines a partir de las 7 de la noche, comenzaron a rodar entre el bagazo de los cueros que curtía el dueño del lugar.


CÁRCEL MUNICIPAL


Tiemo despues lograron un espacio para entrenar en lo que era la cárcel municipal. "En ese sitio había una colchonetita, llegábamos con los muchachos para aprender un poco de olímpica, grecorromana, y una lucha que hay para safar un hueso o dejar lastimado a algún elemento que lo llegara a necesitar en toda su vida. Ahí llegaron unos muchachos de San Agustín de las Juntas, uno de ellos se llama Roberto, El Puma Rojo.


RASTRO MORELOS


En su pregrinar. llagaron al rastro que se encontraba en Morelos, donde entrenaban de 18:00 a 22:00 horas.”ahí empecé a llevar a mi hijo Luis, cuando apenas tenía 2 años, lo sentaba en una esquina desde donde estaba viendo la forma de entrenar".


Ahí les explicaba a sus discípulos, las tomas de referí del lado izquierdo, derecho, una toma de lucha olímpica, la parte de arriba, de abajo, las llaves y contrallaves, el giro que debían dar para meter la contra y advirtiendo que más adelante sería más duro.


CUARTEL DE BOMBEROS


Cerca del rastro, se encontraba el Cuartel de Bomberos, sitio al que en una ocasión llegaron unos policías, uno de ellos le invitó a conocer el cuartel, donde de encontraba un ring, que habían hecho para Leovigildo Cano.


Al otro día conoció a Juan Cruz Ramales, a quien le explicó que tenía un grupo de luchadores para hacer una función de lucha libre, y le propuso que hicieran funciones dominicales  gratuitas, para que la gente conociera el Cuartel de Bomberos, donde la día siguiente llevaron a cabo una exhibición que convenció al jefe de bomberos, Cruz Ramales.


Ya convencido, Cruz Ramales, le explicó del proyecto, donde le expuso que se hicieran seis funciones dominicales gratuitas, y la séptima se cobraría, comprometiéndose Ramales a derle publicidad  en el periódico.


Ramírez Sánchez conocía a Humberto Siordia que tenía la radiodifusora la XEZB, “lo fui a ver y expliqué el proyecto y le dije cuánto nos costaban los spots, respondéndome que nos echaría la mano y no cobraría por espacio de dos meses”.


El séptimo domingo se cobraron a los caballeros dos pesos; damas uno cincuenta, y niños un peso, dichas ganancias se repartieron al cincuenta por ciento, siendo ello de mucha a yuda para los luchadores quienes comenaron a comprar sus vestimentas.


De regreso a la Ciudad de México, ya que lo requería su papá, le dejó hechos siete programas a Melitón ¨Químico¨ Luna Jacinto, para que fuera él quien llevara a buena bonanza este espectáculo que estaba floreciendo en Oaxaca.


BONALES EN OAXACA


El 25 de diciembre de 1965, es recibido Bonales en el Aeropuerto Internacional “Benito Juárez” de Santa Cruz Xoxocotlán, donde acudieron a recibirlo, Richard Reyes, Xicotencatl, Indio Comanche, “Relámpago” Gómez.


Fue cuando les hicieron examen a luchadores oaxaqueños, quienes recibieron  las primeras credenciales oficiales y el resello del año siguiente. Fue el 26 de marzo de 1966. por lo que en 1965, fue el comienzo de la lucha libre organizada en Oaxaca,


EL INDIO COMANCHE


Referente a cómo surge el nombre de Indio Comanche, explicó, “empecé a tener mucha amistad con el señor Ray Mendoza, porque también era muy pegado a mi profe, y conocí a sus hijos, a los Villanos  cuando eran chiquillos; él entrenaba en un gimnasio que había por Lázaro Cárdenas, en el Salto del Agua,  ahí entrenaban muchos luchadores y el señor Mendoza estaba dando clases a sus hijos y a otros niños”.


En una ocasión, Ramírez Sánchez  fue a su gimnasio y le dijo que quería entrenar con él, por lo que le dijo que entrara en el cuadrilátero, “de esa manera empezó la amistad, un lunes que estábamos en la unión de luchadores,  estaba ahí él también con el señor Bonales, entonces, como ya luchaba, entonces, me dijo que me iban a poner un nombre, y estaba platicando con el señor Bonales.


Después le dijo que se iba a llamar el Indio Comanche, “ví que en un libro grande estaban todos los nombres el mío.


Entonces, se puso a pensar el equipo que utiliza el señor Mendoza, “cuando empezó a luchar en la Pista Revolución  algo así, tenía una chamarra de gamuza, con bastantes colgagitos entonces tenía sus botitas rotitas, nada más utilizaba un calzoncito negro, su toallita amarilla, calcetas del mismo color”.


Ramírez Sánchez, mandó hacer sus botas, negras y calcetas amarillas, calzón negro, y por el  metro Pino Suarez, existe una tienda donde venden has chamarras de gamuza, donde preguntó el precio de una de ellas, el cual era de dos mil 200 pesos; por lo cual, tiempo después la adquirió en Guadalajara, cuando se presentó en la Arena Coliseo de esa ciudad, donde le costo la cantidad de 800 pesos.


NOMBRES ANTES DE INICIAR


Durante sus pininos subía como “El Médico Loco”, “El Médico Brujo”, “El Maravillas” y con otros nombres que me decían, no tenía un nombre fijo, no tenía máscara.


DOMINÓ AMBOS ESTILOS


Mencionó que gracias a su profe, y compañeros, aprendió las dos escuelas, la ruda y técnica, había veces que estaba sobre el ring y llegaba el referí y me decía, te vas de limpio mano, y pues lo ponía muchas ganas, porque no tuve padrino, me gané el cariño del público en muchas arenas, y quedaba bien en esas luchas”.


LA MEJOR PAREJA


Recordó que tuvo buenas parejas, “en la Ciudad de México fue Raúl Guerrero y Raúl Rojas, y de aquí de Oaxaca, fue Richard Reyes y El Tiburón”.


MÁSCARAS


En la Paz, Baja California, obtuvo las máscaras de e“Flama Azul”, “los otros dos no los recuerdo, aunque era una máscara roja y otra amarilla,  y en una ocasión gané un cinturón al “Hueso Rubio”, pero al año y medio, tuvimos una lucha y le regresé su cinturoncito”.


En Oaxaca tenía como adversarios al “Relampago” Gómez,  los Hermanos Moguel, “Red Demon”, “Rayo Zulaika”, “El Gran Rubén”, “con el último me gustaba luchar mucho, porque luchaba muy bonito, me acordaba de un luchador de la Ciudad de México, “Rubén Juárez”, le daba un parecido”.


“El Mastín”, “Flechador del Sol”, “Triangulo de la Muerte”, también fueron parte de sus elementos, “el primero fue boxeador que era de Puebla, al cual le decían “El Poblanito”, trabajo en la fábrica de refrescos, Tehuacán, de dicha ciudad y acá me conoció y también él me habló para que lo enseñara a luchar”.


Así, un luchador que inició en el año de 1965, dijo adiso a este deporte en el 2000, siendo su  última lucha fue en Apizaco Puebla, “fui en estrella, lleve como compañero al Japonés González para Los Buitres Juniors”.


El nombre de Luis Ramírez Sánchez, “Indio Comanche”, quedará grabado en las mentes de las generaciones de hoy, mañana y siempre, por haber sido un luchador en toda la extensión de la palabra, por la vida, por su deporte y por darle una forma de diversión a las familias oaxaqueñas, que en su tiempo, no tenían otro espectáculo tan real, como la lucha libre.

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