Colocar luces, flores de Noche Buena, un nacimiento y un árbol de Navidad a gran escala poco embellecen el zócalo y la Alameda de León.
Las tiendas de campaña y los campamentos que persisten como una muestra de la inconformidad social, conviven con la basura, la mendicidad y el ambulantaje que nutren la imagen del corazón de la ciudad.
La entrada del Palacio de Gobierno está cerrada y resguardada por elementos de la Policía Estatal. El paso no es libre, lo limitan vallas metálicas, de la misma forma que se cerraron las bocacalles.
En el portal de la sede del Ejecutivo la venta de ropa y otros artículos artesanales se justifican como parte de la protesta de desplazados de San Miguel Copala, quienes ocupan una de las jardineras como campamento, desde donde piden la destitución de Arturo Peimbert de la Defensoría de Derechos Humanos del Pueblo de Oaxaca.
En otra jardinera se reproduce la misma miseria que suele caracterizar las comunidades rurales de Oaxaca y sirve de piso para una casa improvisada de madera, plásticos, cartón, un manteado, guacales y una cocina que se montó con una mesa y un anafre. Dos troncos de un árbol son la base de una precaria alacena.
Las cuatro fuentes de agua están secas, no hay rastro de que hayan recibido algún tipo de mantenimiento. Las macetas de Noche Buena no se han colocado en todas las orillas de las jardineras, dos montones de tierra fueron dejados como muestra de que el trabajo está incompleto.
El kiosko es el eje central de un plantón reducido de la Sección 22 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, cartulinas con consignas y tiendas de campaña se encargan de hacer saber que aquí la inconformidad social se pasma.
Detrás del nacimiento, la basura se acumula. Un trabajador de limpia intenta sin éxito reducir con una escoba la basura que se acumula en el piso.
Por momentos hay más vendedores, boleros y manifestantes que personas que se sientan en las jardineras, pasean o se toman una fotografía al pie del árbol que en altura casi iguala a la catedral.
