SAN NICOLÁS MIAHUATLÁN, Oaxaca.- A cinco años del trágico accidente en Palmview Texas, Estados Unidos, que cobró la vida de nueve migrantes, siete de origen oaxaqueño, la familia de Bruno, uno de los fallecidos, continúa en espera de justicia.
Es el viernes 3 de noviembre. En San Nicolás sopla un viento cálido, que a pesar de su fuerza, no arranca el camino de pétalos de cempasúchil –trazado para que los muertos puedan encontrar su casa- que va del patio hacia los altares.
El reloj marca las 12:00 del día. A esa hora, el llano es inundado por el retumbe de juegos pirotécnicos lanzados en cada una de las casas, anunciando la llegada de quienes se fueron “en mala muerte”, aquellos que perdieron la vida de manera trágica.
El zacate de la cosecha de maíz oculta la visibilidad a la casa de Luisa y Apolonio, papás de Bruno, uno de los siete migrantes oaxaqueños fallecidos el 10 de abril de 2012 en el accidente automovilístico de Palmview Texas.
A cinco años de su fallecimiento
Leonel Santos García, 25 años, de Santa María Tonameca
Marcos Martínez Rodríguez, 30 años, de San Isidro Limón, Pochutla
Irineo Barrita Guzmán, 29 años, de Ejutla de Crespo
Gildardo Hernández Cruz, 41 años, de Santa Cruz Itundujia
Bruno Juárez García, 28 años, de San Nicolás Miahuatlán
Benedicto Alberto Pérez, 26 años, de Santa Lucía Miahuatlán
Juan Ruiz Rodríguez, 17 años, de Santa María Velató, Monjas, Miahuatlán
Se detuvo el tiempo
Desde el umbral de la vivienda se observa aquella casa gris construida con las remesas del migrante fallecido. En el patio, cuatro personas están sentadas en sillas de plástico descansando después del corte de zacate.
Don Apolonio sale al encuentro de los visitantes con esa actitud amigable que lo caracteriza: sonrisa al rostro y brazo extendido, listo para el apretón de manos al saludar e inmediatamente después, brindar el paso.
Sobre aquél rincón miahuateco, el tiempo quedó detenido. Luisa y Apolonio, padres de Bruno, siguen esperando justicia. “Es lo único que nos queda”, expresa la mujer en la esperanza de que pronto el abogado que tomó el caso, cruce por el camino oculto por las milpas y les entregue buenas noticias.
“Nos dijeron que se iba a llevar un largo trámite de cinco años. Ya se cumplieron”, agrega Apolonio entrado ya en sus 78 años de edad.
Adentro de la vivienda está colocado el altar. Al centro, dos fotografías de Bruno. A su alrededor veladoras, plátano, manzana, cacahuate, maíz, tortillas, refrescos, cerveza, tazones de chocolate, pan, nísperos, galletas y flores.
-Aquí está mi Bruno. Lo seguimos recordando, a un hijo nunca se le olvida.
-¿Qué ha pasado en estos cinco años con el caso de su hijo?
-Nada, parece que al gobierno ya no le importó.
En este panteón descansan los restos de Bruno. FOTO: Emilio Morales
El adiós a Bruno
Bruno tenía 28 años de edad. Había regresado a visitar San Nicolás después de diez años de estancia en Estados Unidos. Aquél día de su partida, Luisa no pudo descansar. Por la noche, un fuerte dolor en el pecho la despertó. No concilió otra vez el sueño; se quedó sentada en el filo de la cama hasta el amanecer.
Al día siguiente le ocurrió lo mismo, y fue hasta el tercer día cuando se enteró de la muerte de Bruno. “Así, a lo lejos, vi que llegó la camioneta de mi hija; yo pensé: me trae caldo de pollo, y ahí vengo, ahí vengo. Cuando llego, me dice mi yerno: 'póngase usted maciza. Luego me dijo que había pasado un accidente y que Bruno se había muerto”.
La noche del 10 de abril de 2012, la furgoneta en la que Bruno y otros 20 inmigrantes ilegales viajaban agolpados unos con otros, volcó sobre la carretera. El vehículo iba a exceso de velocidad´, perseguido por elementos de la patrulla fronteriza. En el lugar murieron nueve mexicanos, siete de ellos de Oaxaca, lo que constituyó una de las peores tragedias para la comunidad migrante oaxaqueña.
En ese entonces, el titular del Instituto Oaxaqueño de Atención al Migrante (IOAM), Rufino Domínguez Santos, afirmó que a través del bufete jurídico contratado, el Gobierno del Estado daría la pelea legal representando a cuatro de los siete oaxaqueños fallecidos en Palmwiev Texas. Familiares de tres migrantes decidieron seguir el caso a través de un bufete jurídico externo.
Luisa y Apolonio creen que el gobierno del estado archivó el caso de los migrantes de Palmview, Texas, apostando al olvido de las familias. En su caso, desconocen quién se hizo cargo, pues a su casa llegaron dos personas que dijeron ser abogados, les solicitaron documentos y firmas para dar seguimiento al caso con la promesa de que al ganar, ellos sólo tomarían sus honorarios y entregarían la indemnización calculada en un millón de pesos. No han vuelto a saber nada de ellos.
San Nicolás, agencia municipal de Miahuatlán de Porfirio Díaz. FOTO: Emilio Morales
