Asegurar la clientela en su taquería ha convertido a Rodolfo Ortiz en un experto para conseguir la carne de res y de puerco al precio más accesible, lo que implica comprar en varios lugares, una parte directamente en el único rastro que existe en el municipio de Oaxaca de Juárez y otra en una cadena de carnicerías.
Salvo el chorizo, prefiere comprar la carne de puerco en esas carnicerías donde el producto es traído de Veracruz, porque le representa una economía del 30 por ciento, aunque el producto esté congelado.
La oferta que no acepta es pagar 120 pesos el kilogramo de tasajo, hasta 60 pesos menos que en los mercados, "porque al coserlo se queda con una coloración como rosa" y prefiere sustituirlo por bistec, pues el kilogramo ahí es de 85 pesos.
Roselía Hernández tiene la misma estrategia que Rodolfo. Sabe que en este tipo de establecimientos "hay una carne que sale buena y otra no. Si está barato, pero el tasajo, a pesar de que se fríe, no queda igual", así que prefiere sustituirlo por arrachera marinada que empaquetada le ofrecen a 99 pesos el kilo.
Mientras espera le despachen medio kilogramo de cecina que le cuesta 35 pesos, 15 pesos menos del precio que ofertan en la mayoría de carnicerías de los mercados de la ciudad, Laura Gómez tampoco recomienda comprar el chorizo en esa cadena de tiendas "por su sabor tipo soya y si uno quiere que esté anudado hay que pagar unos pesos más".
Eso sí, ninguno de los dos va a las tiendas de autoservicio porque además de que la carne suele estar más cara, a veces escasea.
Eso lo sabe la señora Mónica, pero para ella el mejor lugar para comprar carne fresca es en el mercado Benito Juárez de esta ciudad.
Tres veces a la semana se traslada del municipio de Ánimas Trujano a hacer sus compras y destinar 450 pesos para carne de res y puerco, porque está segura de "la calidad de la carne y que me dan el kilogramo exacto".
Cuando no ha tenido dinero suficiente ha terminado en las tiendas de autoservicio, pero ha comprobado que la carne tras varios días de permanecer refrigerada "no sabe igual".
Además del sabor, para Gabino García, comprar carne refrigerada o de una res que no haya sido sacrificada ese mismo día, tiene un olor distinto.
En los 60 años ha visto como el precio del kilogramo de tasajo ha pasado de 12 pesos a 160 pesos, incluyendo la devaluación que se disfrazó con la medida de quitar tres ceros a los billetes para que volvieran a ser pesos.
Sabe también que con los bajos salarios para muchas personas comer carne se vuelve un lujo, y eso implica que la gente llegue a sacrificar la calidad.
