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Cuentos de terror, contados por taxistas

Foto(s): Cortesía
Redacción

Historias que ponen la piel chinita a los taxistas que durante las noches han sido víctimas de situaciones extrañas.

 

Las quemadas

 

 

Ángel, un taxista del sitio Alameda, sintió que esa tarde era de suerte.

 

 

Dos jóvenes de buen ver le hicieron la parada y pidieron un viaje a Ocotlán de Morelos.

 

 

El traslado se le hizo ameno al platicar con las chicas, a pesar de que en aquel entonces no había libramientos, la carretera tenía un carril de ida y otro de regreso.

 

 

A las 17:00 horas llegó a su destino, cuando una de las chicas le dijo que las dejara en un portón de madera, donde se apreciaba una barda alta de adobe y tejas.

 

 

Vio cómo entraron a la casa dejando entre abierto el portón, ellas le habían dicho  que llegando a su hogar le pagarían el costo del viaje, por lo que esperó dentro de su taxi, sin embargo, pasaron cinco minutos, luego otros diez y nadie salía.

 

 

El tendero que se encontraba en la esquina le preguntó a quién buscaba y le explicó que estaba en espera de las dos jóvenes que habían entrado en la casa, a lo que el tendero le dijo que empujara la puerta porque en ese domicilio no vivía nadie, y que las dos jóvenes que habitaban ese lugar, habían muerto quemadas, así como ya se habían presentado varios taxistas que les habían dado el servicio en la misma forma.

 

 

El taxista abrió la puerta y se encontró con que era un terreno baldío y las bardas estaban altas y por ellas no se habían podido haber saltado las jóvenes.

 

 

De regreso, el anciano

 

 

Con la mirada triste, el entonces joven conductor se dirigió a la unidad de motor y emprendió el regreso con la piel chinita por lo que le había pasado, y al pasar por donde se encuentra el letrero hacia San Antonino Castillo Velasco, antes de entrar a la gasolinera, le hizo la parada una persona de la tercera edad, mismo que vestía pantalón y camisa de manta, con huaraches y sombrero, el cual le preguntó para dónde iba, contestando que para la ciudad de Oaxaca.

 

 

El anciano le preguntó si le daba un raid, y él le dijo que sí, y emprendieron el viaje en el cual le fue platicando sobre lo que le había sucedido, antes de llegar a la población de San Juan Chilateca existe una curva en la que antes se registraban muchos accidentes.

 

 

Un kilómetro antes de llegar, el viejito le dijo: “en esa curva te va a salir un carro de frente, si tu frenas, o te paras o haces algo que no es lo correcto, te vas a morir, pero si tu haces como si nada, aunque veas el carro y te sigues normal en tu carril, no te va a pasar nada”, por lo que sorprendido de lo que le estaba diciendo, se volteo a verlo y ya no estaba”.

 

 

Por lo que, al llegar a la  curva se sacó más de onda, ya que vio cómo venía un automóvil de frente hacia él, y lo que únicamente hizo, fue cerrar los ojos y seguirse, cuando sintió que no pasó nada, abrió los ojos vio que no pasó nada, siguió su camino rumbo a la ciudad.

 

 

Por radio pidió apoyo a sus compañeros, los cuales fueron a alcanzarlo por el Aeropuerto, donde estaba todo tembloroso, por lo que lo llevaron a su casa.

 

 

MISA DE ALMAS

 

 

Hace aproximadamente siete años, otro de los taxistas se dirigía a la colonia Reforma, reportando por radio que había pasaje en la  iglesia de Los Pobres , y que había muchas personas esperando taxi, ya que eran más de las 12 de la noche, suponiendo que era una misa de gallo.

 

 

Por lo que varios taxistas acudieron, sin embargo, la iglesia estaba cerrada, todo estaba apagado, no había la gente que él había anunciado, por lo que le dijeron que se regresara, y cuando ve todo cerrado, les dijo a sus compañeros que la había visto abierta y con mucha gente.

 

 

Le fue a comentar al sacerdote de la iglesia que había pasado, el cual le comentó que lo que había presenciado fue una misa de difuntos, de almas, que se encontraban en ese momento, por lo que al verlo asustado, supieron que había sido realidad.

 

 

No se quería ir

 

 

Sandra Cisneros, trabajadora de la Funeraria ACO Rodríguez, recordó que en una ocasión les tocó atender a una difunta de la colonia Lomas de San Jacinto.

 

 

Se encontraban preparando su cuerpo y al tratar de llevarla al anfiteatro, al encender la camioneta, la unidad no arrancó, por lo que solicitaron otra carroza, la cual chocó antes de llegar al lugar.

 

 

Le solicitaron ayuda a un amigo, el cual llegó, sin embargo, no llevaba vehículo, “entonces, fui a ver a la difunta, la cual tenía los ojos abiertos, le pregunté a sus familiares si tenía algún pendiente, por lo que una de sus primas y una de sus amigas  me dijeron que ella no quería que sus padres se llevaran a su hijo con ellos a su pueblo”.

 

 

“Me dijeron que se harían cargo de él, y yo les dije que no me lo dijeran a mí sino a ella, pero que se dieran cuenta que era un compromiso serio el que harían con ella; así lo hicieron y le dijeron que no se preocupara, que ellas cuidarían a su hijo”, mencionó.

 

 

En esos momentos, la señora cerró los ojos y arrancó la camioneta para dirigirse al anfiteatro...

 

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