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En Oaxaca se come lo que hay, cuando hay

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

Que le guste la carne de res no significa que Moisés Ruiz Velasco la coma con frecuencia, sólo cuando viene a la ciudad de Oaxaca y logra vender las escobas de palma o escobetas para quitar la mugre a los trastes, o recibir “una ayuda”.


La mañana avanza, pero para el hombre de 85 años “todavía falta para comer”. Ha elegido un bloque de cemento que sobresale en el área de estacionamiento de una sucursal bancaria. Ahí ha colocado su mercancía.


Habla poco, escucha con dificultad. Una hoja tamaño carta dentro de una bolsa de plástico le sirve como letrero que sostiene en sus agrietadas y rasposas manos: “Buen día! Mi nombre es Moises Ruiz Velasco. Vengo de Santiago Tlasayutepec (sic), Etla. Vendo escobas a $20.00 Le pido una cooperación voluntaria para mi pasaje. Dios lo bendice. Muchas gracias”.


El letrero no es nuevo, hace meses que otra persona se lo escribió y Moisés lo atesora porque viajar cada mes desde Santiago Tlasoyaltepec a la ciudad de Oaxaca es la salida que ha encontrado para contar con algo de dinero. Llegó ayer a la ciudad y en el día sólo pudo comer dos o tres tortillas. Nada más.


Su esposa, Ana Santiago, cinco años menor que él, no le acompaña, “se quedó en mi rancho cuidando borregos”, la única posibilidad que tienen de tener algo de dinero de vez en cuando.


La noche la pasó en una casa del Infonavit Primero de mayo, con una señora que le conoce y no le cobra renta. Desde ahí camina hasta la Calzada Porfirio Díaz, lo que ha provocado el dolor en su pie izquierdo.


Si logra conmover a transeúntes, calcula que juntará cien pesos, pero no puede gastar todo en comida. Necesita 40 pesos para el regreso a su comunidad donde ha podido sobrevivir, aunque hay días que no tiene casi nada para comer, a menos que haya sobrado una tortilla de días anteriores.


La casa del señor Moisés y su esposa Ana en Tlasoyaltepec es parte de los 202 mil hogares que en 2016 la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH) contabilizó de viviendas cuyos ocupantes la pasan sin comida, casi una quinta parte de todas las que existen en Oaxaca.


Dificultades para comer


En esa misma situación está la familia de Encarnación Rojas López y Lorenzo Rojas Ramírez, un matrimonio indígena que inició joven, cuando ella tenía 17 años y que ha dado vida a cuatro hijos. La única mujer y la mayor, Elizabeth, los ha hecho vivir más de dos semanas en el patio exterior del Hospital Civil doctor Aurelio Valdivieso, pues su recién nacido presenta problemas en el corazón y permanece en una incubadora en la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales.


Las limitaciones para comer aquí no cambian mucho de lo que enfrentan en Santa María Peñoles, Etla, donde no hay trabajo y sólo cuentan con comida si llueve y se da la milpa. La familia se ha apropiado de una banca de cemento.


En las noches, pedazos de cartón cumplen la función de un colchón. El frío lo enfrentan con tres cobijas guardadas en bolsas y costales. El árbol de a lado le sirve para guardar sus chanclas y de una rama cuelgan su bolsa donde guarda los hilos de colores que, con agua, dan forma a una servilleta que usará para sus tortillas cuando retornen a Peñoles.


“Comemos lo que vienen a regalar, pero sí sólo vienen una vez, sólo una vez comemos”, cuenta con la parsimonia de quien se ha acostumbrado a la fatalidad y las limitaciones. Ni la familia de Moisés ni la de Encarnación se conocen, pero ambas forman parte de un universo que ejemplifica de las familias para satisfacer sus necesidades alimentarias, 737 mil 372 hogares, el 67.9 por ciento de los que existen en todo Oaxaca.

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