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Soplan aires de libertad en Tlapazola, Oaxaca

Foto(s): Cortesía
Nadia Altamirano Díaz

SAN MARCOS TLAPAZOLA, Oaxaca.-Tienen edades diversas, pero además de la sangre, las costumbres y el lugar de pertenencia, comparten un mismo sueño: que las mujeres de las comunidades rurales sean tan libres para vivir de acuerdo con lo que quieren.


La forma de peinar el cabello y el color de su ropa es distinta, pero el atuendo tradicional es el mismo: vestido de tela brillosa ribeteado con encaje blanco, mandil adornado con listones o flores y cabello hasta la cintura, o más.


Sólo Laura Mateo Cruz lleva el cabello suelto; su madre Cresencia Cruz Cruz lo trenzó en dos partes y su tía Agustina Mateo Sánchez, lo recogió en una sola trenza. Moldear el barro rojo, característica de las artesanías de este municipio zapoteca en los Valles Centrales de Oaxaca, las reúne en una pieza de la casa.


Con piedras lisas de río que humedece en una pequeña cubeta con agua, Cresencia pule la orfebrería que ha hecho su cuñada, quien sobre un petate, a ras de suelo, amasa con fuerza el barro que trae del cerro donde sólo se llega caminando, sin bestias de carga.


15 de octubre Día Internacional de las Mujeres Rurales

¿Desde cuándo se conmemora?

Fue establecido por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su resolución 62/136 el 18 de diciembre de 2007.

¿Qué pretende?

Reconocer la función y contribución decisivas de la mujer rural, incluida la mujer indígena, en la promoción del desarrollo agrícola y rural, la mejora de la seguridad alimentaria y la erradicación de la pobreza rural.


 


De las pocas profesionistas


Laura pone en práctica lo recién aprendido dando cuerpo a pequeños recipientes; el estudio le impide dedicarle más tiempo a la actividad que las mujeres de este municipio empiezan a dominar a los 15 años, junto con los quehaceres de la casa y el campo.


“Ahorita quiere hacer todo lo que nosotras hacemos, pero con su estudio no tiene tiempo”, son las palabras que utiliza Agustina para describir la vida de su sobrina Laura, quien en abril pasado se graduó de la carrera de Desarrollo e Innovación Empresarial en la Universidad Tecnológica de los Valles Centrales de Oaxaca.


Si bien participa en la elaboración de piezas de barro rojo, el cuidado de los animales de granja, los quehaceres de la casa o se divierte jugando futbol, dedica más tiempo a elaborar el plan de exportación para una envasadora de refrescos, como parte de su proceso de titulación.


Laura es de las pocas mujeres que ha roto con el ritmo tradicional que aquí impera. No tuvo que casarse ni migrar, vivió sola como parte de su crecimiento académico, algo que ni su hermano mayor, Ángel, consiguió.



El estudio, las alas de libertad de Laura. FOTO: Emilio Morales

“Yo soy la quinta joven de Tlapazola que ha terminado una carrera”, dice un orgullo que se acrecienta al saberse soltera y viviendo en su comunidad. “Las mujeres que estudiaron como yo no viven aquí ni están ejerciendo, son casadas y así están realizando su vida", agrega.


Las limitantes de las mujeres


Eso lo entiende porque todavía la mentalidad de los padres influye; “algunos piensan que una mujer se tiene que preparar para cuando se case, lavar la ropa, hacer tortilla o tejate para que cuando un hombre llegue a su casa a pedirla, ella esté lista”.


En su opinión, esa “es una mentalidad errónea, porque una mujer tiene que tener la oportunidad de luchar por lo que sueña, quiere, piensa y darse la oportunidad de conocer otras cosas y a otras personas”.


Otra de las limitantes para que una mujer rural concluya una carrera universitaria es la situación económica, algo que su familia pudo sortear porque en todo momento la ha motivado a luchar por sus metas, sus sueños y a no detenerse.


Ese impulso que recibe Laura de su padre Juan de la Cruz Mateo, lo hubiera querido Cresencia para estudiar más allá del sexto grado de primaria y no ser sólo ama de casa, pero el pensamiento de que “las mujeres no sirven para nada, sólo los hombres”, lo impidió.



El machismo y la falta de recursos, las limitantes para que las mujeres rurales crezcan. FOTO: Emilio Morales

Que Edmunda Cruz, madre de Cresencia, se opusiera a la mentalidad de su esposo Alfonso Cruz, era algo impensable en un contexto machista donde “las mujeres sufrían más” y eran “la víctima” de su marido, casi como una Ley.


Ganar libertad


Esa cotidianeidad que también alcanzó a Agustina le hizo seguir los consejos de su madre: no casarse para no repetir “esa suerte”. Así lo hizo y a sus 45 años no se arrepiente porque ha ganado la libertad para trabajar o no, levantarse de la cama o dormir hasta tarde porque nadie le cuestiona lo que hace.


Ese mismo poder y rebeldía que no nombra, lo comparte con su sobrina Laura y de alguna manera con Cresencia, pero es mayor el deseo de las tres porque las mujeres de ésta y otras comunidades comprendan, que así como trabajar tan duro o más que los hombres, vale lo mismo que ellos.


Las mujeres rurales en cifras:


Representan más de un tercio de la población mundial y el 43 por ciento de la mano de obra agrícola.


En América Latina, 58 millones de mujeres viven en el campo, pero sólo 30 % de ellas posee tierras agrícolas y apenas el 5 % tiene acceso a asistencia técnica en el mundo.


¿Y en Oaxaca?


Existen alrededor de 1 millón 37 mil 145 mujeres rurales que trabajan más de 12 horas al día.


Aseguran la subsistencia de sus familias desde la producción agropecuaria, en la economía doméstica y comunitaria.


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