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Manuelita, la pequeña que mantiene vivo el arte de los huipiles

Foto(s): Amando Orozco
Amando Orozco

Una antigua máquina de pedal volvió a despertar la esperanza de que el tradicional bordado de huipiles continúe vivo en la comunidad de Santa Rosa de Lima. 

Lo sorprendente es que quien impulsa esta labor no es una artesana con años de experiencia, sino Manuela Anahí, una pequeña de apenas seis años de edad que acaba de concluir el jardín de niños. 

La curiosidad por ver a su madre, Carmela Roldán Crispín, confeccionar trajes típicos llevó a la menor a pedir que le enseñaran el oficio, dando así sus primeras puntadas en un equipo heredado de sus abuelos.

Por motivos de seguridad, la pequeña todavía no utiliza todas las herramientas cortantes, pero ya se familiariza paso a paso con el proceso textil. Carmela Roldán expresó su profunda alegría al ver el interés de su hija a tan corta edad por un trabajo artesanal que pertenece a los antepasados de la región. 

Asimismo, la madre comparte estos conocimientos con adolescentes y jóvenes de la comunidad, convencida de que la enseñanza de este oficio tradicional es la vía principal para conservar la identidad cultural del Istmo de Tehuantepec.

El entusiasmo de Manuelita refleja que el amor por los trajes regionales sigue encontrando eco en las nuevas generaciones sin descuidar su educación y su infancia. 

Su tía, Griselda Roldán Crispín, celebró que la menor tenga este apego desde la niñez, asegurando que es la mejor forma de que la herencia cultural transite de generación en generación. 

Entre hilos de colores y telas, esta comunidad atestigua cómo la identidad istmeña se resiste a desaparecer gracias al relevo generacional más joven de la población.

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