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Vinculan científicos a la pupilacon la consolidación de la memoria

Una ilustración científica que muestra cómo la actividad pupilar del ojo humano refleja las distintas fases del procesamiento y consolidación de la memoria.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por El País

 

 

Cuando estamos despiertos somos conscientes y podemos influir voluntariamente en nuestros pensamientos y en lo que vemos y oímos, es decir, en las percepciones que tenemos utilizando nuestros sentidos. Pero nunca somos conscientes ni podemos influir de ese mismo modo en la actividad que las diferentes neuronas de nuestro cerebro están teniendo en cada momento para que esos pensamientos y percepciones sean posible.

Somos, por así decirlo, ignorantes del trabajo que continuamente realizan nuestras neuronas. Siendo así, parece imposible una especie de ventana natural exterior que nos permitiera saber directamente sin la ayuda de instrumentos cuando el cerebro está realizando el trabajo que hace posible que lo que aprendemos cotidianamente no se nos olvide. Pero los investigadores han descubierto esa ventana en las pupilas de los ojos.

Ya hace tiempo que sabemos que las memorias no se forman instantáneamente cuando aprendemos, pues inicialmente solo se produce un registro de ellas en las neuronas, una grabación lábil que necesita fortalecerse y estabilizarse para no desaparecer. Ese fortalecimiento, llamado consolidación de la memoria, tiene lugar durante el sueño de cada noche en lugares del cerebro como el hipocampo, cuando las mismas neuronas implicadas en lo aprendido emiten unas descargas rápidas sincronizadas que se han considerado como un repaso acelerado de la misma actividad que sostuvieron durante el aprendizaje.

Si, por ejemplo, un grupo de neuronas del hipocampo de una rata se activa cuando la rata visita un determinado lugar de su compartimento, esas mismas neuronas se reactivan aceleradamente durante el sueño posterior del animal. Cuando esa reactivación ocurre, además de fortalecerse las conexiones entre las neuronas implicadas, se transfiere la información sobre ese lugar desde el hipocampo hasta un almacenamiento permanente en la corteza cerebral. Sin ese sueño posterior, la mayoría de lo aprendido durante el día no realizaría esa transferencia y acabaría por olvidarse.

Ahora también sabemos que si se alteran artificialmente esas descargas neuronales rápidas que tienen lugar durante el sueño la memoria no se consolida y lo aprendido puede olvidarse o deteriorarse incluso cuando el sueño normal posterior puede servir para recuperarlo, aunque con menor estabilidad. También se ha observado que la naturaleza o tipo de esas descargas durante el sueño parece más importante que su cantidad para formar una buena memoria, lo que corrobora la experiencia común que nos dice que la calidad del sueño puede ser más importante que su cantidad.

Explorando el mismo proceso, los investigadores de la Cornell University (Nueva York) han descubierto ahora algo tan sorprendente como que las fluctuaciones oscilatorias en el tamaño de la pupila del ojo de los ratones están relacionadas con el sueño asociado al procesamiento de la memoria en sus cerebros. Para comprobarlo entrenaron a unos ratones a buscar y encontrar una golosina escondida bajo una plataforma y observaron que la actividad cerebral repetitiva de las memorias recientes durante su sueño (no REM) se asociaba a la pupila contraída y la de las memorias previas lo hacían a la de la pupila dilatada.

Más tarde, cuando los ratones se durmieron, mediante la técnica conocida como optogenética, modificaron esas descargas aceleradas de sus cerebros ligadas a la formación de la memoria. Sorprendentemente, al despertar los ratones a los que se les redujeron las descargas cuando sus pupilas estaban contraídas habían olvidado completamente la localización de la golosina, es decir, la memoria había sido borrada. En contraste, los ratones que fueron tratados del mismo modo cuando sus pupilas estaban dilatadas, al despertar corrieron hacia la golosina, mostrando de ese modo la integridad de sus memorias.

De ese modo, durante la fase de pupilas dilatadas se estarían procesando en el cerebro las memorias adquiridas en días anteriores y durante la fase de pupilas contraías las recientemente adquiridas. Es decir, el cerebro preservaría las viejas memorias durante el estado de pupilas dilatadas e incorporaría las nuevas durante el estado de pupilas contraídas, un mecanismo de separación que, según los autores del trabajo, podría servir para evitar que memorias adquiridas en tiempos diferentes puedan interferirse durante su procesamiento. Creen, asimismo, que, al igual que en los ratones, las fluctuaciones en el tamaño de la pupila podrían funcionar también en humanos como una ventana indicadora de las memorias que el cerebro está procesando en cada momento.

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