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El fetichismo por el título

Foto(s): Cortesía
Redacción

Por: Jesús Antonio Martínez Carrasco

 

En la entrega anterior me preguntaba por qué nuestra sociedad condiciona el "ser alguien" a la posesión de un documento universitario, llegando al punto de invalidar la experiencia práctica de profesionales autodidactas o aquello adquirido fuera del mundo académico estandarizado.  Para desmenuzar este fenómeno, lo haré desde la mirada del psicoanálisis, y así comprender cómo el título académico se ha convertido en muchos casos, en un fetiche.

Incompletud, falo y título

Es de suponer que el sólo hecho de estar y de existir debería ser suficiente para que en este mundo seamosalguien, pero al parecer las reglas de la entidad psíquica, el Yo disponen otra cosa. Se dice que cuando nacemos, nacemos incompletos y transcurrimos por la vida buscando objetos que aseguren llenarla. Pero desde la lupa de la teoría freudiana, no es una incompletud propiamente dicha, es la vivencia que el pequeño ser humano experimenta derivada del estado de indefensión —al parecer prontamente— y de la necesidad de un otro. Así mismo, acontecerán los procesos primarios que, por decirlo de alguna manera y para fines explicativos, fundan el aparato anímico: introyección, proyección e identificación. En esa etapa se anudará aquello que en el futuro el sujeto depositará en la necesidad de que un título lo represente.

Es aquí donde salen a la palestra el sistema económico hegemónico y la cultura del éxito, que han sabido aprovechar y comercializar el hecho. Por su parte, algunas personas han izado el título académico en el estatus de “fetiche”. En términos freudianos, el fetiche es un objeto ostentoso que oculta algo que no está, pero esto no lo ahondaré en esta nota, solo esta corta definición nos sirvapara puntualizar por qué el título puede ser un fetiche. Eventualmente, en la clínica psicoanalítica, lo que podemos observar en quienes insisten vehementemente en llenarse de títulos, es la falta de certeza sobre el propio valor y el lugar que ocupa en el mundo, en específico y por regla general anclado en alguno de los progenitores.

Primero me titulo y luego existo

Don Lázaro, al exhibir con orgullo su doctorado como la “joya de la corona”, nos muestra cómo dicho documento opera como armadura e identificación ante el otro, el hecho de darnos un paseo por sus títulos dice más que mil palabras, solo que él no lo sabe. El título, además de estandarizar y ceñir al sujeto, como si fuera una pieza de una máquina, ofrece una ilusión de completud: "Tengo el papel, por lo tanto, existo y valgo".

Aquí hago un paréntesis, pues no hemos de dejar de ladoel poder y el aspecto político. En el mundo actual, donde uno de los discursos dominantes es el de la igualdad, quien no ha seguido los cánones académicos y el ritual para la obtención de un título, está condenado a los márgenes o peor aún, a la parte baja de la pirámide de la jerarquía social. Esta es otra de las ideas preponderantes que se escuchan y una falacia más que refuerza la rueda de la titulación para que siga moviendo la gran maquinaria económica del mundo. Pero esto lo retomaré en la tercera nota.

Continuará el próximo lunes…

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