A diez años de la masacre de Asunción Nochixtlán, la Unidad Anticapitalista de Pueblos Organizados de Oaxaca (Unapo) llamó a defender la memoria histórica como herramienta de lucha para no terminar aceptando nuevamente la opresión, porque quienes gobiernan deben entender que ningún proyecto político puede reclamar legitimidad si tolera la impunidad frente a los crímenes cometidos por el Estado.
En un pronunciamiento, la alianza de resistencia comunitaria afirmó que el gobierno federal de Enrique Peña Nieto y el gobierno estatal de Gabino Cué Monteagudo decidieron responder con el terrorismo de Estado en contra de un pueblo quien decidió resistir frente a la imposición de un proyecto neoliberal para destruir la educación pública y disciplinar a quienes históricamente han sostenido la lucha social en México, la CNTE, las comunidades y el pueblo organizado.
Sostuvo que el gobierno de Peña Nieto pretendió imponer por la fuerza una reforma educativa elaborada no para mejorar la enseñanza, sino para convertir la educación en mercancía y desmantelar los derechos laborales del magisterio.
Expresó que en Oaxaca, el gobierno de Gabino Cué Monteagudo decidió colocarse del lado de la represión, traicionando la historia de lucha de un pueblo quien jamás ha aceptado la subordinación frente al poder autoritario.
De esta manera, expuso que aquella mañana en Asunción Nochixtlán quedó grabada en la memoria colectiva del pueblo, cuando policías federales y estatales dispararon contra una población civil en defensa legítima de sus derechos, resultado seis muertos en esa municipalidad y uno más en las inmediaciones de Trinidad de Viguera, más de cien personas heridas y decenas perseguidas y criminalizadas.
Consideró que Asunción Nochixtlán no fue un hecho aislado, sino parte de una larga historia de violencia institucional contra quienes luchan desde abajo, porque Tlatelolco, Acteal, Ayotzinapa y Nochixtlán forman parte de una misma continuidad histórica.
Por esto, destacó que a diez años de distancia la deuda histórica sigue intacta, porque no hay justicia, no hay verdad, no existen responsables jurídica y políticamente sancionados proporcionalmente a la gravedad de los hechos, pues la impunidad continúa protegiendo a quienes ordenaron aquella agresión criminal.
De esta manera, resaltó que Asunción Nochixtlán no significa solamente rendir homenaje a quienes fueron asesinados, significa asumir una posición política frente al presente, porque la democracia no puede reducirse al ejercicio electoral mientras continúe existiendo violencia estructural contra quienes luchan por transformar las condiciones materiales de vida de la sociedad.
Ante esto, subrayó que en Oaxaca se debe seguir levantando una convicción irrenunciable, porque jamás se debe normalizar la represión contra el pueblo organizado, ni aceptar que la violencia institucional se convierta en mecanismo para resolver conflictos sociales, ni jamás de dejar de acompañar las causas de quienes luchan por educación pública, justicia, territorio, dignidad y autodeterminación de nuestros pueblos.
La Unapo dijo que Asunción Nochixtlán sigue vivo porque la sangre derramada no fue derrota, sino semilla de resistencia, porque cuando el poder reprime, los pueblos responden organizándose y cuando la memoria permanece viva, ninguna masacre logra imponerse sobre la dignidad colectiva.
