Por La Jornada
Moscú. A escasas horas del comienzo en Evian, Francia, de la cumbre del G7, Rusia lanzó la madrugada del lunes un nuevo “ataque sistemático” con misiles y drones, la mayoría sobre Kiev y en menor grado sobre Járkov y Dnipró, la capital y dos de las ciudades más importantes de Ucrania, respectivamente.
De los 70 misiles de distinto tipo y 611 drones rusos, un total de 20 misiles balísticos y 27 drones impactaron en 42 sitios no especificados por la fuerza aérea ucrania. Kiev, el objetivo mayor, recibió 34 misiles balísticos y pudo derribar solo 15.
En Kiev, de acuerdo con datos preliminares, murieron al menos cinco personas y 38 resultaron heridas; en Járkov, el saldo de víctimas asciende a cinco muertos y 24 personas con lesiones de gravedad. De Dnipró se dice que hubo dos heridos y, entre los daños materiales, figuran la Casa de la Música de Cámara y una iglesia.
La incursión masiva causó esta vez en la capital daños significativos en el interior y exterior de la Catedral de la Asunción en la Lavra de Kiev-Pechersk, el monasterio más venerado por los creyentes ortodoxos ucranios y declarado por la Unesco monumento que es patrimonio de la humanidad.
La agencia de Naciones Unidas para la educación, la ciencia y la cultura con sede en París condenó el ataque contra el complejo arquitectónico del también llamado monasterio de las Cuevas de Kiev, cuyo origen se remonta al siglo XI, y comunicó al gobierno ucranio “estar preparada para prestar apoyo a las autoridades competentes para evaluar los daños sufridos por las instituciones culturales y educativas e identificar las medidas urgentes que correspondan a su mandato”.
Para el líder de Ucrania, Volodymir Zelensky, el ataque al monasterio “es uno de los crímenes más graves perpetrados por Rusia contra la cultura cristiana hasta la fecha”.
El mando militar ruso asegura que atacó “exclusivamente empresas de la industria militar ucrania” y sugiere que el monasterio quedó dañado por un misil estadunidense Patriot de defensa antiaérea.
Aventuró —sin evidencias que lo confirmen— una hipótesis que rechaza Kiev: “el misil siguió una trayectoria errónea debido a que, probablemente, tenía un plazo de vigencia caducado, como todos los que entregaron (en fecha reciente) los países de Occidente a Ucrania”.
El ministerio de Defensa ruso admite, en un comunicado, que sus artefactos impactaron en los estudios cinematográficos Dovzhenko de Kiev, en cuyo territorio —asevera— “fabricaban drones”, lo mismo que en el moderno edificio del Nuevo Correo, que “servía de almacén de armamento”, según Moscú.
El incendio provocado en el también conocido como Centro Nacional de Cine en Kiev acabó con la colección histórica de vestuario que albergaba.
Entre las infraestructuras de la industria militar de Ucrania afectadas el ejército ruso menciona la fábrica Radar; las instalaciones de Tecnologías de Drones; las empresas Mayak, Burevestnik, Ukr Armo Tej y otras dos de reparación de vehículos militares.
En cuanto al monasterio, el gobernador militar de la región de Kiev, Timur Tkachenko, afirmó que las informaciones preliminares apuntaban a un impacto directo de un dron ruso que causó un incendio en el techo de la catedral y destruyó varias de sus cúpulas doradas.
El Servicio de Seguridad de Ucrania difundió imágenes de fragmentos encontrados en el territorio del monasterio de un dron ruso del tipo Geran-2 (copia del Shakhed iraní), en cuyo motor se puede leer que fue fabricado en la zona económica de Alabuga, Rusia, lo cual desmiente la hipótesis del misil estadunidense Patriot.
Sin embargo, circula también otra versión extraoficial, difundida por medios de comunicación independientes en Kiev, que apunta a que el dron pudo haber caído sobre la catedral tras ser derribado por la defensa antiaérea ucrania.
No es descartable esa posibilidad, aunque en este caso Rusia, la parte acusada de atacar directamente el templo principal de la ortodoxia cristiana en Ucrania, no está en condiciones de demostrar lo contrario.
Lo único claro es que en esta guerra, como en cualquier otra, cuando un dron o misil impacta en una infraestructura civil y/o edificio de gran valor histórico o cultural los respectivos voceros oficiales no escatiman saliva para inculcar que el cruel enemigo lo hizo de manera intencional y, los afectados, nunca reconocen que cayeron fragmentos derribados por ellos mismos.
Analistas independientes señalan que el ataque nocturno del lunes ocurrió apenas horas después de que, en la conversación telefónica dominical de los presidentes ruso, Vladimir Putin, y estadunidense, Donald Trump, el titular del Kremlin se quejó ante el inquilino de la Casa Blanca de que los ataques ucranios contra infraestructuras civiles en territorio de Rusia “dificultan alcanzar un arreglo político”.
Por cierto, ante la frase de Putin de que si quiere reunirse con él “venga a Moscú”, Zelensky reveló que, ya que el presidente ruso tampoco quiere ir a Kiev, le propuso celebrar el encuentro en Evian, Francia, durante la cumbre del G7, iniciativa que contó con el beneplácito de los miembros europeos del grupo y de Estados Unidos, pero el mandatario ruso lo rechazó, según su colega ucranio.
