A las 11:00 horas inicia el simulacro por el sismo de 1985. Dos horas después, la historia se repite.
En la Ciudad de México se encontraba Roberto Alonso Avendaño Ruiz, integrante del Escuadrón de Organizados en Rescate y Atención Médica (ORAM) delegación Río Grande.
Junto con sus compañeros rindieron homenaje y recordaron a las personas de 1985. Se encontraba en la plancha del Zócalo de la capital del país, cuando sonaron las alertas sísmicas casi al mismo tiempo que la tierra se movía.
Roberto Alonso tiene ocho años en el ámbito del rescate y servicios pre hospitalarios; técnico en atención médica pre hospitalaria así como rescatista certificado por INSARAC Francia, lleva dos años y medio con Topos cuatro años en el Escuadrón ORAM.
Con un solo corazón y un solo fin, rescatar a las personas atrapadas.
Fue estigos de cómo los edificios se movían de un lado a otro, en un terremoto que para algunos duró una eternidad. Además que el sismo era fuerte, los gritos y el rugido de dolor de los edificios al desplomarse, no los amedrentaron, los héroes sin capa, dejaron sus alimentos a un lado y como brigada y escuadrón ORAM empezaron a evacuar a la ciudadanía hacia la plancha del Zócalo.
Atendieron a las personas que sufrieron crisis nerviosa, esto, en coordinación con las diferentes brigadas de los diferentes negocios de la ciudad.
Inunda el caos
La señal del celular para hacer llamadas se cayó, pero llegaban los mensajes, por lo cual se enteraron que habían colapsado varios edificios, que había gente atrapada y fallecidos dentro de los escombros, uno de ellos y el más crítico que el de la escuela Rébsamen donde indicaban que había niños en horarios de clases, los cuales habían quedado atrapados bajo los escombros.
Inmediatamente dimos salida como brigada hacia el lugar de los hechos, solicitando primero a un conductor de un metrobus nos transportará al lugar, sin embargo, el chófer de la unidad no quiso, pero se ofreció otra persona que conducía una camioneta.
Todo era caos, la camioneta no avanzaba. La ciudad era un completo desorden.
Los ángeles vestidos de naranja continuaron a pie, cuando junto a ellos pasaron moto patrulleros, a quienes les pidieron el favor que los trasladaran donde había colapsado la escuela, pero, la respuesta fue negativa.
Analizando el trabajo a realizar.
Motociclistas que escucharon el destino de los voluntarios, se ofrecieron a llevarlos, “en ese momento éramos como 14 topos Azteca y de esa manera llegamos al lugar donde encontramos colapsada la escuela y había vecinos apoyando en el lugar”.
Alrededor de las 14:00 hora, empezaron a organizar a los inquilinos para apoyarlos en los diferentes rescates, “desafortunadamente recuperé cuatro cuerpos sin vida de niños entre 10 a 12 años y una pequeñas de seis años, así como una mujer adulta”, recordó al rescatista.
“Al principio las autoridades se pusieron flexibles y nos pedían opiniones sobre los diferentes rescates que se estaban haciendo, llegando elementos del Heroico Cuerpo de Bomberos de la Ciudad de México, Policía Federal, Policía de la Ciudad de México, de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), Secretaría de la Marina (Semar)”, indicó.
Horas después, recibieron órdenes que ya no podían trabajar los brigadistas y voluntarios, y que ellos se harían cargo de los rescates, “sin embargo, la misma ciudadanía exigía que nosotros los hiciéramos o nos pusiéramos al frente de los rescates por la experiencia que se ha tenido”.
Los valientes hombres, subieron a los salones, para en coordinación con los vecinos, rescatar los cuerpos de personas fallecidas de la institución educativa, en una lucha contra el tiempo con la esperanza de rescatar personas con vida.
Llegaron más voluntarios, lo mismo estudiantes que profesionistas, no importaba ni credo, religión,edad, sexo, todos estaban con el propósito de apoyar, saliendo de vez en cuando una lágrima por cada cuerpo que rescataban.
Trabajaron codo con codo
Bomberos y topos estuvieron sacando cuerpos de ese lugar durante toda la noche, “estuve hasta las seis de la mañana, ya que el jefe nos mandó a descansar por un lapso de una hora, para después continuar en nuestra labor”.
Los edificios mostraban su debilidad ante la naturaleza,
Al lugar, fueron llegando diferentes brigadas de topos que existen en el país, “Michoacán, estados del Norte, Guerrero y llegó más gente de la brigada de Oaxaca así como de países como: Francia, Guatemala, Honduras, Ecuador, casi la mayoría de los países del Sur como Argentina, con los cuales se hizo una brigada más o menos como de unos 150 a 200 topos”.
Se dividieron en diferentes grupos y cubrieron varias emergencias, en diferentes puntos de la ciudad, “al momento aún hay gente trabajando en la remoción de escombros y hubo diferentes rescates”.
Roberto Alonso Avendaño Ruiz ya se encuentra en Río Grande, Tututepec, del distrito de Juquila, satisfecho de su trabajo, donde demostró la grandeza que tiene en el alma y corazón, pero sobre todo su experiencia y conocimientos para trabajar en este tipo de manifestaciones de la naturaleza.
Por algo suceden las cosas, "el destino me puso en la Ciudad de México, porque tenía que ayudar a la gente".
