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Católico instruido no será confundido: ¿Quién fue San José?

 Continúa el pastoral de la salud.
Foto(s): Cortesía
Redacción

Por Lubia Esperanza Amador / Colaboración

Un padre, esposo y hombre santo. Descendiente de David, era el prometido de la Virgen María en el tiempo que ocurrió la Anunciación-Encarnación (Mt 1, 18); cuando San José tuvo conocimiento de que su prometida, con quien jamás había cohabitado, sería madre, pensó repudiarla (Mt 1, 19), pero como era "justo" pensó hacerlo en secreto para no difamarla, pues esto podría traer como consecuencia la lapidación para la Virgen María (Dt 22, 21). En eso, el Ángel del Señor le dice en sueños que no tenga temor de tomarla como esposa, pues el Hijo que esperaba era por obra del Espíritu Santo, y le pidió que pusiera a ese Hijo el Nombre de “Jesús”, porque Él salvaría al pueblo de sus pecados (Mt 1, 20-21). San José manifiesta total obediencia y prontitud para cumplir el mandato divino (Mt 2, 24-25); así, ante la sociedad siempre fue reconocido como el padre de Jesús (Jn 1, 45; 6, 24). La justicia de José, va más allá de simplemente buscar el cumplimiento de la Ley; la palabra griega “dikaios”, que emplea el Evangelio para describirlo y que se ha traducido por justo, significa “alguien acorde con la voluntad de Dios”, es decir: un santo, a la altura del privilegio que le concedió Dios de ser el padre adoptivo de Jesús y el casto esposo de la Virgen Madre. 

San José, como cualquier padre, tenía la responsabilidad de educar a Jesús en la fe (Dt 6, 4-7) y en la vida social (Lc 2, 51-52); observaba fielmente las prácticas religiosas prescritas por la Ley u observadas por los Israelitas piadosos; vivía como judío humilde, que mantenía a su familia con su trabajo de "tekton", palabra que ha sido interpretada tradicionalmente como carpintero, pero que también admite otras acepciones como obrero o artesano, todos ellos oficios de gente con pocos recursos económicos, por lo cual era natural la sorpresa de los escribas al encontrar en Jesús un dominio de la ley impropio de la gente de origen humilde (Lc 2, 47; Jn 7, 15.46).

Son pocos los textos bíblicos que hablan de San José y ninguno refiere cuándo murió; pero es muy probable que haya sido antes de la vida pública de Jesús, puesto que durante ella ya no se menciona nada sobre San José, además que, si hubiera vivido en al tiempo de su Crucifixión, Jesús no se habría visto en la necesidad de dejar al cuidado de San Juan a su Santísima Madre María. San José siempre ha sido reconocido como un santo, desde el siglo IV la Iglesia de Oriente celebraba la fiesta de “José el Carpintero”; ha tenido entre sus devotos a personajes como San Vicente Ferrer, San Francisco de Sales y a Santa Teresa, quien propagó su devoción al sanar de una enfermedad incurable gracias a la intercesión de San José. Fue Pío IX quien hizo extensiva a toda la Iglesia la fiesta del Patrocinio en 1847, y en diciembre de 1870, de acuerdo con los deseos de los obispos y la feligresía, declaró solemnemente al Santo Patriarca José, como patrono de la Iglesia Católica, estableciendo su fiesta para el 19 de marzo. ¡Felicidades a quienes llevan el nombre de José, y que su Santo Patrono sea su ejemplo y protector! Que así sea. 

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